martes, 30 de octubre de 2012

UN DESEO CUMPLIDO de Teresa D.





Soy una joven que siempre había sentido el instinto maternal.  Cuando miraba a un niño, pensaba que algún día tendría los míos pero, después de varios años intentándolo por todos los medios y de someterme a todo tipo de tratamientos, me convencí de que era  imposible lograrlo.
Una tarde, mientras estaba sentada en el parque observando a tantos niños jugando, decidí definitivamente que en alguna parte había un niño que necesitaba una madre que lo adoptara y lo quisiera como a un hijo así que, sin mirar atrás, convine en que no seguiría esperando.  Iría a buscarlo.
Hoy ya he encontrado lo que siempre había deseado.

¡SORPRESA! de Lucía Hernández




Cuando yo tenía diez o doce años, vivía con mi madre en Santa Cruz de La Palma.  Mi padre había fallecido y ella me acompañaba siempre a todas partes.  Un día, decidimos ir a la procesión de San Francisco y, como era habitual, durante su recorrido hubo fuegos artificiales y voladores.  Ví, sorprendida, como el resplandor de todo aquel artificio, se reflejaba en las ventanas de mi casa y empecé a gritar.
-¡Mamá, mamá! ¡Nuestra casa se está quemando!       
Ella, la pobre, trató de calmarme, explicándome lo que era pero, ya estaba empezando a recuperarme del susto cuando me llevé una sorpresa peor.  Yo llevaba un trajecito que me había hecho mi madre, con un gran lazo detrás que,  uno de los voladores había tenido la delicadeza de quemar.  A mi no me pasó nada pero conservo aquel recuerdo para siempre.
Aquellas fiestas eran muy bonitas y se reunía mucha gente.  Mi madre me hizo otro lazo para mi traje y con eso terminó mi sorpresa.


LA HUIDA de Dolores Fernández Cano




En un despacho del Juzgado de la ciudad de Las Vegas, se encuentran reunidos, entre mujeres y hombres, las doce personas que van a formar parte de un jurado popular.  Fuimos avisados al comienzo de semana, a fin de permanecer recluidos para revisar la situación del acusado y, al mismo tiempo, proceder a un intercambio de ideas, pues es preciso ser imparciales y justos en el veredicto. Sin embargo, un miembro del jurado no se siente capaz de llevar esta responsabilidad. Ese soy yo, Germán, que así me llamo.  No deseo por esa tesitura.  Para mí es un dilema.  Todo ha salido contrario a mis propósitos y no comprendo cómo han podido meterme en este asunto.  Mi intención es negociar una salida decorosa.
Me dirijo a la portavoz, exponiéndole el problema, así como la idea de abandonar aquel lugar.  María tiene a bien explicarme la imposibilidad de eludir esa misión, por lo que  decido emprender la huida a toda costa. Después de permanecer unos minutos reflexionando sobre mi situación, le contesto.
- Estoy decidido a salir de esta encrucijada.
María, después de mirarme intensamente, replica lo siguiente:
-Tendrás que emprender una gran carrera hasta llegar a la salida, sorteando una serie de obstáculos.  Si lo consigues, te disculparé ante la autoridad.  Yo misma, junto a los demás compañeros, vigilaré todos tus movimientos por una pantalla.
Dispuesto a iniciar la huida, salgo al pasillo.  Está oscuro.  Comienzo a correr y las gotas de sudor resbalan dentro del elegante traje que visto.  Lo ha confeccionado mi padre que es un afamado sastre. 
Puesto que el tiempo concedido es limitado, apresuro los pasos y aún así, siento mucho temor de no conseguirlo.  No pararé, no puedo perder ni un segundo.  A mi derecha, vislumbro una puerta de color negro pero, según las indicaciones del mapa, no la debo abrir.  Continúo el largo corredor y me introduzco en un túnel alrededor del cual percibo un inmenso calor.  Doblo un recodo.  A lo lejos diviso un resplandor parecido a una lengua de fuego.  Apremio el paso.  Sin apenas aliento, voy hacia él.  Lo cruzo totalmente y… por fin hallo la salida.  ¡Hurra! ¡Soy libre! Ya me encuentro afuera.
-¡Llegó! ¡Llegó! – gritA María dentro del recinto, y yo escucho  como todos aplauden.

CARAMELOS de Candelaria Bacallado





En la casa de mis abuelos, donde yo viví mi infancia y adolescencia, había muebles y objetos de decoración antiguos.  Entre ellos, una cómoda-escritorio sobre la cual estaban colocados un copón de cristal tallado y una bombonera, también de vidrio, que siempre permanecía vacía pues, en aquellos tiempos, no se veían bombones con demasiada frecuencia.
Yo era muy curiosa y quería saber el origen de cada cosa que había en la casa.  Mi abuela, con infinita paciencia, me contaba historias sobre la procedencia de cada uno de los objetos y qué miembro de la familia lo había regalado.  A pesar de estar vacía, mi objeto preferido siempre fue la bombonera, que yo imaginaba puesta sobre una mesa camilla, llena de caramelos en una casa de sueños.
Ahora, pasado el tiempo, la recuerdo rebosante del cariño y ternura de una abuela que no escatimó en comprensión y dedicación.
No volveré a sacar de esta bombonera caramelos de ternura y comprensión como aquellos, está claro.



EL ABRAZO de Carmen Margarita



Estos sueños míos son tan especiales, tan reales, que me estremecen.  Yo siento los amores, las alegrías, las tristezas como vividas, siempre que te veo en ellos.  Pienso en ti, tu belleza y nuestras hermosas vivencias cuando nos queríamos tanto y tus besos eran dulces de miel y tus abrazos como suaves lazos de terciopelo.  Por eso, quiero soñar y soñar para, en medio de los sueños, poder tener tus brazos y entonces, imaginar que estamos en un hermoso lugar donde todos se abrazan.  Abrazos de cariño, de amor, de pasión, de ternura, da igual despierta que dormida, tus abrazos parecen tan reales que me abandono en ellos por un largo rato.

lunes, 29 de octubre de 2012

CONCURSO DE NARRATIVA HERTE 2012 - ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS





ACTO ENTREGA DE PREMIOS
CONCURSO DE NARRATIVA
HERTE 2012


10 de Noviembre  2012
Salón de Actos
Centro Multifuncional El Tranvía
La Cuesta - La Laguna

19:00 horas

miércoles, 24 de octubre de 2012

LAS ESTRELLAS de Elda Díaz




Allá por los años cincuenta, Sara tenía diez años y se iba de vacaciones a una casa de la costa  que tenían los tíos.  Ellos viajaban de vez en cuando a este lugar y, a veces, la llevaban.
Mientras estaban allí, comían con lo que el tío pescaba.  La tía y ella guisaban las papas, preparaban mojo y con eso y fruta ya estaba listo el almuerzo.  Uno de aquellos días fue diferente.  En la playa, había un nido de ametralladora en el que la gente entraba para disfrutar un rato de la sombra.  Ese día encontraron allí un hombre muerto.  El tío de Sara tuvo que ir a buscar a la guardia civil y, entre una cosa y otra, llegó la noche.  A esa hora se fueron a pescar para comer algo pero, como no hubo pesca, se llevaron todas las estrellas del cielo para la casa.  Aquella noche cenarían estrellas.



MIS ESTRELLAS de Edelmira Linares




Rodeado de todas ellas, en medio de un ambiente casero y agradable, como el que sólo tu propia morada te da, ahí estaba yo, observándoles y regocijándome con cada de ellos.  Sentado en mi viejo sofá, cerré los ojos y empecé a recordar tiempos pasados que hicieron lo que hoy es mi presente.
Era un muchacho de unos veinte años, jovial y risueño, que no creía en el amor y mucho menos en el matrimonio.  Mi padre entró una noche en mi habitación y me comentó que por la mañana temprano iríamos a pescar.  Un compañero de trabajo suyo tenía un barco y le había invitado.  La noticia no me alegró mucho pero, por no decepcionarlo, asentí fingiendo agrado.
Cuando llegamos al muelle, nos dirigimos hacia un velero precioso de grandes dimensiones, donde nos esperaba Juan.  No había imaginado nada como aquello y aún sin salir de mi asombro, nos mostró todo el barco.  En uno de los camarotes donde había una litera y una mesa que hacía de despacho, estaba una chica escribiendo algo sobre un papel.  Cuando se giró para saludarnos, quedé sorprendido, nunca había soñado nada así; era la cosa más bonita que mis ojos habían visto jamás.
Hoy, Vega es mi mujer y ese día sin dudarlo, hice la pesca más importante de mi vida.  Ella es la estrella que ilumina mi casa y la razón por la cual mi presente está lleno de un universo de estrellas.



ESTRELLAS de Amalia Jorge Frías




Hacía tiempo que conocía a Mª Luisa, que en paz descanse, de vernos en la parroquia.  Al salir de misa, siempre nos saludábamos.  Un domingo, se acercó a mí y me dijo
-Tengo una asociación de mayores.  Yo soy la presidenta y estoy buscando un local, ¿me puedes acompañar a ver uno?.  He quedado con el dueño hoy a las once.
Me explicó de qué local se trataba y yo le dije que sí y, como sabía que mi tía lo conocía, le avisé para viniera con nosotras y así, todo sería más fácil.
Visitamos el local y, en el acto, Mª Luisa llegó a un acuerdo con el dueño, al mismo tiempo que nos invitó a hacernos socios, “aunque sólo fuese por colaborar”, según sus propias palabras.
Fue de esa manera tan sencilla como la Asociación Flores del Teide comenzó a formar parte de mi vida.
Sólo hacía tres años que había fallecido mi marido y ese hecho había dejado en mí un espacio vacío que yo necesitaba llenar con algo nuevo que aportara a mi vida un poco de ilusión.  Al conocer a otras personas, ir de excursión, descubrir el juego de Rummikiu… A todas las cosas, se sumó el hecho de que en esa época Dios me hizo el regalo de dos nuevas nietas que, unidas a los tres nietos que ya tenía, llenaron de alegría mi vida.
Puedo decir, sin tener ninguna duda que aquella vez fui a pescar y volví cargada de estrellas.


EL PESCADOR de Carmita Díaz


En el año 600 A.C, había un pescador de cincuenta años que vivía con su mujer, en una casita de madera al lado de la cual, pasaba un río.  Un día, se fue a pescar truchas para el almuerzo porque no tenían otro sustento y, nada más llegar, lanzó la caña al agua.  Pasados unos cinco minutos, sintió que habían mordido el anzuelo pero, debido al peso no podía subir la caña.  Cuando lo logró, el pescador se sorprendió al tener ante sí a una enorme trucha que, al verse cogida, le imploro que la soltara, que si la dejaba vivir, ella le daría todo lo que le pidiera.  Como tenía un buen corazón, el pescador la soltó.
De la alegría que le dio, se fue corriendo a su casa para contárselo inmediatamente a su mujer.  Ella, que era muy avariciosa, lo mandó al río para que le pidiera a la trucha una casa donde vivir mejor, aclarando que la quería con jardín.  Al llegar, el pastor la llamó
-¡Truchita, truchita! – y enseguida le dijo lo que su mujer quería.
-Pues, vete pescador, que la tendrás –le contestó la trucha, y así fue.
Pero la mujer era terriblemente codiciosa, un día le dijo al marido que ahora quería un palacio, que  le pidiera a la trucha uno lleno de sirvientes.  El pescador hizo la solicitud a la trucha y ella también se lo concedió.
Pasados sólo unos días, la mujer quiso más.  Decidió que quería ser como Dios, para hacer el día y la noche.
Se fue el pescador al río, llamó a la trucha y se lo dijo
-Mi mujer quiere ser como Dios
Esta vez, la trucha –muy enfadada –le contestó
-¡Vete pescador, vete!
Él marchó y cuando llegó a su casa, solo encuentra escombros.
Apenado, el pescador volvió al río y le suplicó a la trucha que le diera algo, que se habían quedado sin nada, que ahora tendrían que vivir como pobres mendigos en la intemperie.
La trucha le contestó:
-Como tú eres un hombre que tiene muy buen corazón, todas las estrellas del cielo que veas por las noches, serán para ti.