martes, 23 de febrero de 2016

ARROZ BLANCO. Dolores Fernández.






            Les cuento que no solía gustarme el arroz blanco, sin embargo aquella tarde empecé a verlo de otra manera porque la persona que me invitó a comerlo logró cambiar mi gusto culinario. Se trata de un japonés, marchante de arte. Lo conocí en una exposición sobre pintura al óleo. Se acercó a mí, saludándome amistosamente, de igual manera le correspondo. A continuación mantenemos una entretenida conversación, por supuesto sobre cuadros y pintores. Le comunico que poseo una importante colección, que por circunstancias personales necesito venderla. El japonés sugiere su deseo de examinarla, pero después de compartir conmigo una apetitosa cena. Acepto la invitación, para mi desgracia estaba elaborada a base de arroz blanco, que digerí como mejor pude. Concluido el ágape, le llevo a mi estudio. Allí, minuciosamente examina las pinturas, transcurrida una media hora de tanteo, acepta la compra, pagando un buen precio. Quedo muy satisfecha, pero desde luego el éxito se lo debo al arroz, por tal motivo le dedico una merecida ovación. ¡Viva el arroz blanco!.



LA NEGATIVIDAD. Elda Díaz.







            Les cuento que no solían gustarme las personas negativas, sin embargo, aquella tarde empecé a verlos de otra manera porque descubrí que a aquella familia le había caído la negra y, si la madre estaba siempre negativa, era porque  la vida la había tratado muy mal. Primero, falleció un hijo de un accidente, al poco tiempo murió el marido y después enfermó la hija.  La pobre no sabía qué hacer. Entonces, entendí que tenía razón con ser negativa pues   todos nos sentiríamos igual si la vida nos tratara de esa manera.


LOS ENGREÍDOS. Candelaria Díaz




            Les cuento que no solían gustarme los engreídos, sin embargo, aquella tarde empecé a verlo de otra manera porque yo lo creía fanfarrón, echón pedante y, hete aquí, que lo vi llevando del brazo a una anciana. Se acomodaron en un banco de la plaza, él la sentó con mucho amor, por lo menos eso parecía, le dio agua, le limpió la boca, se lo hacía con ternura, ¡yo con la boca abierta! No me lo podía creer, aquel ser odiado por sus empleados estaba lleno de virtudes, ¿pero que milagro era lo que estaba viendo?.
            Al día siguiente en el trabajo, él volvía a ser más de lo anterior; altivo, mirando a todos casi con desprecio.  Me tiene intrigada, se lo preguntaré aunque me despida, pensé.
            Le conté lo que había visto y me miró sorprendido.  A los pocos segundos, con sinceridad me dijo que era una pose porque si le temían trabajaban duro y la empresa funcionaba, me pidió que no lo descubriera, que el personal estaba asegurado.
            No hay que pensar mal, siempre hay algo que no sabemos.




POTAJE DE CALABAZA. Antidia Iraida.




            Les cuento que no solían gustarme los potajes de calabaza, sin embargo, aquella tarde empecé a verlos de otra manera porque tenía que conseguir que su sabor tan insulso fuese algo tan exquisito, como nada visto hasta el momento.
            Saqué a la luz todas mis artes de bruja culinaria rociadas con cariño y amor, que pronto aquello que era tan simple comenzó a esparcir aromáticos olores, los cuales además de estar por toda la casa, pronto llegaron a la escalera y a la nariz de mis vecinas, María, Juana y Gertrudis, que rápidamente me tocaron al unísono a la puerta, curiosas por saber qué estaba experimentando en mi cocina, ya que ese olor nunca jamás a sus narices había llegado.
            Cuando ya la poción estaba en su completa ebullición, yo quería despacharlas no fuera que descubrieran mi secreto, pero no hubo forma de deshacerme de ellas.



            Así que no me quedó otra que invitarlas a probar aquella “delicatessen”; mal que hice, pues entre un poquito y otro poquito, las glotonas me dejaron sin mi potaje de calabaza. ¡Menos mal que según fui echando a la olla, apunté los ingredientes! Y que no me pillaron mis apuntes aquellas insaciables, porque si no… ya mi potaje no sería único…: ¡¡si las conoceré yo, que todo lo quieren igual!!.

CUCARACHAS. Edelmira Linares.





            Cansada y con ganas de desconectar de una semana agotadora, tomé la decisión de coger el coche, mi perrita y poner rumbo al sur, con la idea de  pasar el fin de semana en el apartamento que acababan de dejar los últimos inquilinos.
            Sabía que tendría que llegar limpiando, pues ninguno lo deja como debería, pero lo que nunca pensé es encontrarme con lo que hallé; después de un rato buscando aparcamiento, sacar los bolsos, arrastrar con la perra y por fin llegar al apartamento, cuando abro la puerta, entro y descubro…, para mi horror, que la casa está invadida por cucarachas enanas, las cuales entran y salen por todo agujero y rendijas imaginables.
            Solté los bolsos y salí corriendo de allí. No me lo podía creer…; era mi peor pesadilla…¡Las odiaba! Y tenía que acabar con ellas cuanto antes.
            Corrí a la ferretería más cercana, me recomendaron unos productos. Subí de nuevo y fumigué como pude, tuve que salir de allí, porque el aire era irrespirable.
            Después de unas horas volví y descubrí que había salido victoriosa.
            Así que lo que iba a ser unos días de descanso y relax, se convirtió en esta pesadilla que podría titular “Una canaria contra cucarachas inglesas”, pero lo que ellas no sabían es que aquí somos de armas tomar.