domingo, 13 de marzo de 2016

EL MENSAJE. Fanny.





            Marcelo está en la playa pasando el fin de semana con sus amigos, Federico y María, los que se sienten muy contentos.
            Los amigos deciden dar un paseo, para caminar un poco, después  nadar y luego ir a un restaurante a comer. Cuando estaban en la mesa, Federico dijo; debemos hacer un brindis por nuestra amistad y lo hicieron. Marcelo les dijo; con permiso tengo que ir al baño, y tropezó con una botella. Se enfadó y se agachó a recogerla para tirarla pero se dio cuenta que había un papel dentro de ella, lo sacó, lo lee y se lleva una sorpresa. Es para él, de su madre Rafaela, que le dice; “Vuelve inmediatamente, tu padre sufrió un accidente”.
            Marcelo le dice a sus amigos, tengo que regresar urgente, gracias por su compañía, espero verles pronto.  Cuando Marcelo llega, su padre está mejor y le dice, hijo sentí que me moría sin verte y éste le dice, pues fíjate que no fue así, gracias al mensaje que recibí de mamá en una botella me enteré de tu accidente papá.
            La madre sonríe para sus adentros, convencida de que fue un milagro porque ella jamás envió tal mensaje.




EL MENSAJE. Candelaria Díaz.






            Paseando por la playa de la Tejita una tarde; un atardecer precioso, tropiezo con algo duro, lo cojo y es una botella cubierta de algas y… qué curioso, tiene algo dentro. Lo saco y es un escrito, leo y dice:
            “Soy un naúfrago del Valbanera, estoy en una isla en completa soledad, me llamo Tinerfe Bencomo, soy del sur de Tenerife y pido a Dios que esta carta llegue a alguien para que me encuentren.




EL MENSAJE. Dolores Fernández Cano.





            Como todos los viernes, Hipólito acude a la playa en misión de vigilancia, por si llega alguna patera o barcaza transportando contrabando. Pero hoy va a ser un día distinto, muy especial.
            Hipólito, con los prismáticos observa el horizonte, pero ve un objeto extraño, algo ligero que sube y baja con el vaivén de las olas. Con decisión se desprende de su uniforme de la Benemérita, para nadar hacia altamar. Ya cerca, se da cuenta que se trata de una botella. La agarra con fuerza para volver con ella hasta la orilla. En el interior hay un papel, lo extrae y procede  a su lectura, dice así: “No lo dudes, la felicidad se encuentra en tu interior”.



EL MENSAJE. Natividad Morín.






            Estaban extenuados, no sabían el tiempo que llevaban navegando a la deriva, se les había acabado la comida y casi no les quedaba agua. Ella no se encontraba bien, agotada, era normal en su estado, el séptimo mes de embarazo. Tuvieron que huir de la guerra y la miseria, por eso se encontraba en alta mar, a punto de morir en una patera, tan frágil que apenas se mantenía a flote. De pronto vieron una botella flotando, la cogieron. Había un papel dentro, lo sacaron y asombrados leyeron.
            “¡A quienes encuentren esta botella y estén leyendo esta carta testamento, son afortunados porque estoy enfermo y no tengo herederos, les dejo mi casa, mis bienes y una cuenta corriente en el banco, que si saben administrarla pueden vivir holgadamente para siempre! ¡Enhorabuena!”
-¡Oh, Dios mío! ¿será cierto? ¡estamos salvados, viene un barco a rescatarnos! –dijo ella- ¡si tenemos una niña la llamaremos Esperanza!.




EL MENSAJE. Elvira Martín Reyes





            Ana estaba ansiosa por llegar a su destino. Al bajar del avión, no se lo creía, por fin estaba en Francia y desde allí pasaría a Alemania y Austria. El viaje tenía todas las expectativas de ser fantástico. Después de visitar  estos maravillosos países, estando ya en el último puerto, puso un mensaje, que decía:
“Regreso sin encontrar el amor, espero hacerlo la siguiente vez” y esperanzada lo metió en una botella y lo echó al mar.

            Después de los años, se lo estaba contando a su amigo de Málaga, que escuchaba atónito.
-¿Dónde lo echaste?
-En Francia, en la Costa Azul

El amigo,  sacando un viejo papel del bolsillo, se lo enseñó. Me lo encontré en la playa de la Malagueta hace un año.
            ¿Sería necesario viajar otra vez? ¿O el amigo cambiaría de categoría y pasaría a ser el amor que buscaba?  Después de todo era el destinatario del mensaje.




EL MENSAJE. Eutimia Espino González





            Un día fui a la playa de Fariones y estaba bañándome  cuando vi una botella que se acercaba a mí y yo, como curiosa, me acerqué a recogerla para saber qué mensaje tenía, y… ¡si vieran lo que decía!:
            “Soy un pez, por favor, tírame otra vez al mar”.




domingo, 28 de febrero de 2016

ADÁN Y EVA. Candelaria Díaz.





-         ¡Eva, te digo que estoy depre!.
-         ¡Pero si esto es maravilloso!
-         ¡Paraíso sí es, pero me aburro!.
-         ¡Sí, pero yo no te puedo dar más!
-         ¡No me tientes que tengo unas ganas!
-         ¡Chico, como hombre siempre pensando en lo mismo!
-         ¡Pues tápate que vas a coger frío!
-         ¡Claro, tú quieres darme calor!
-         ¡Chica, un abrazo no viene mal!
-         ¡Sí, luego yo soy la que paga y tú de rositas!
-         ¡Será porque Padre, Hijo y Espíritu Santo son varones!
-         ¡Como mujer eso no me cuadra; ¡machismo puro!
-         ¡Dame la manzana y verás que rico!

-         ¡Te digo que lo que pase es toda tu culpa y de ahí vendrá la violencia de género!



MIS PADRES ENFERMOS. Elvira Martín Reyes





Nico:              Luis, los chicos no han venido hoy a vernos.
Luis:               Tienen su trabajo y su familia, Nico.
Nico:              Pero nosotros también los necesitamos, que estamos enfermos.
Luis:               ¿Sabes cómo se llama eso, Nico? Egoísmo.
Nico:                          Pues no me importa ser egoísta, hasta el punto que tampoco me importa seguir enferma, por tal de verlos a todos ellos, a los ocho.
Luis:               Los hemos criado con mucho trabajo, pero para ser libres, ahora no nos podemos quejar, tienen su vida, su trabajo y su familia. Duérmete, Nico, pensando que todos están bien, ya buscarán un rato para venir pero dicho sea de paso en la habitación de al lado tienes una de ellos.
Nico:              Pues bendito sea Dios, Luis.




ENVIDIA. Natividad Morín.





            Les cuento que no solían gustarme los enfrentamientos, sin embargo, aquella tarde empecé a verlos de otra manera porque, cuando alguien abusa y acusa de infidelidad a personas cercanas y a las que dice que quiere, uno no puede contenerse. No entiendo cómo hay gente que siente envidia, celos y lo convierte en violencia, estas personas no debería dormir a “pierna suelta”, ¿ o sí?.
            La envidia es un problema, cuando es obsesiva y enfermiza porque quienes la padecen, no viven tranquilos, sobre todo cuando son celos. Este conflicto lo sufre la mayoría de los seres humanos; hablo de que, seguramente, muchos hemos sentido “envidia sana” pero por tonterías, que no pasan de ahí. Lo demás es otra cosa.



PADRE e HIJA. Fanny.


 
Hija:               Hola papi ¿qué tal te fue el día?.
Padre:           Estupendo me encontré con mi amigo José.
Hija:               ¡Qué bien!
Padre:           Y a ti cómo te fue en el examen de matemáticas.
Hija:               ¡Excelente! Saqué un diez.
Padre:           Me alegro te lo mereces, eres buena alumna.
Hija:               Gracias papi.
Padre:           Te dejé la medicina como de costumbre en la mesilla de tu habitación. Pero cuando me levanté para ir a mi trabajo me di cuenta que no te la habías tomado.   ¿Qué pasó? Tú sabes que es el tratamiento para el bien de tu salud.
Hija:                           Lo siento papi, me quedé dormida.
Padre:           Espero no se te haga costumbre.
Hija:                           Pero no te enfades papi te prometo no volverá a ocurrir.
Padre:           Está bien.
Hija:                           ¿Cómo te va en el trabajo?.
Padre:           De momento bien, sólo que me han cambiado el horario. Tengo que trabajar todo el día.
Hija:                           Son muchas horas me da pena que trabajes demasiado.
Padre:           Es mi obligación hacerlo tengo que sacar la familia adelante.
Hija:               Es por eso que sigo estudiando para obtener una profesión y poder trabajar yo y tú puedas descansar y poder recompensarte el sacrificio que estás haciendo por mí.
Padre:           Te lo agradezco sé que lo dices con sinceridad, todos los días doy gracias a dios por haberme dado una hija con buenos pensamientos.
Hija:                           Yo también doy gracias a Dios por tener el papá más responsable.
Padre:           Espero que esta conversación sirva para tener más comunicación entre nosotros, como padres e hija que somos.
Hija:                           Claro que sí papi.
Padre:           Déjame darte un abrazo.

Hija:               Sí papi hazlo.