lunes, 15 de febrero de 2016

LA MÁSCARA. Dolores Fernández Cano.






            Para Marisa es imposible enfrentarse al entorno que la rodea. Todos los días se coloca la máscara de la resignación, para así ocultar su indecisión. Le cuesta salir del hoyo donde permanece sumergida. Está obligada a trabajar para su madrina, mariscando entre las duras rocas de la costa que bordea el pueblo lúgubre donde reside. Pero, el deseo de Marisa es estudiar Ciencias Políticas. Desde que recibieron en la lonja, la visita de la Presidenta de la Nación, sin saber cómo, quedó prendada por esta importante dama, floreciendo en ella la necesidad imperiosa de vivir otra vida que calcine todas sus penurias.

            Una fría mañana, se levanta dispuesta a todo, muy decidida y rompiendo los esquemas, prepara su equipaje. Con la cara lavada, sin máscara, abrigando su menudo cuerpo con un chaquetón gastado por el uso, emprende el camino hacia la capital, para labrarse un porvenir más prometedor.

ENERO PUSILÁNIME Candelaria Bacallado.





            Pasadas las fiestas y vivencias entrañables, apareces siempre el primero del año. Con aires de algo nuevo, como si el panorama fuera a cambiar solo porque tú llegas. Otro nuevo año haciéndonos creer el cambio que nos va a acontecer, creándonos la ilusión de tener paz en el mundo, un trabajo digno para todos, sin tener que emigrar fuera de nuestra tierra para conseguirlo. No es así, Enero; vienes falto de valor para superar los desafíos del mundo en el que nos ha tocado vivir .
            Creo que te mereces el calificativo; es el más acertado.






LA MÁSCARA. Edelmira Linares.





            Desde que nacemos nos inculcan una serie de valores para ser buenas personas, pero al final vivimos inmersos en una sociedad, en la que no podemos aplicarlos.
            Al fin tenemos que someternos y claudicar, porque solo podemos mostrarnos como realmente somos en nuestra estricta intimidad, siendo así vulnerables ante la vida.
            Todo esto conlleva que nos volvamos mal pensados, y con una coraza que nos proteja de las posibles heridas  para lograr que nos dejen las menos cicatrices posibles.

            Por todo esto pienso que como dice la canción: “La vida es un carnaval” y nosotros máscaras que vivimos en ella.


LA MÁSCARA. Candelaria Díaz.





            Esta palabra suena a carnaval pero hay una máscara humana, esa que cuando se tiene sentido de persona, se usa en la vida. Les cuento:  tienes depre; disimula, problemas; pon cara normal, dolores; ni los nombres, falta dinero; ni lo dices, y así muchos más… Evitas exponerte, de manera que se suaviza todo un poco, y al final te haces un artista en el tema. Te pones la careta cada vez que haga falta, solo te la quitas al estar sola porque mantenerla  agota bastante.




LA MÁSCARA. Candelaria Bacallado.




            Se había puesto la máscara que lo ayudaría a desinhibirse y expandir su carácter retraído y tímido. Se miró al espejo, y vio en él una imagen sonriente y pícara, ahora había que añadirle la actitud, para dar vida a esa imagen.
            ¿Sería capaz?. Decidido, salió a la calle a disfrutar de su reto. Caminaba por las aceras haciendo carantoñas a sus propios vecinos.
            Pensaba…:  si supieran que soy yo dirían: ¡Realmente se ha quitado la máscara!
            Y es que a veces cargamos con una careta toda la vida.




LA MÁSCARA. Antidia Iraida.




            De plástico, cartón, látex, o la propia piel, no importa el material que sea, lo cierto es que todos llevamos una. No sabemos en el momento que nos la ponemos, ni dónde y el por qué. Queremos ser lo que no somos, engañar al otro haciendo ver lo que queremos que vea, ocultar nuestro verdadero yo. Así unos y otros, dentro y fuera de nuestras casas llevamos una de cara a una vida, a una pantalla, aparentando lo que no somos. Aunque un día cualquiera, en un momento indeterminado, termina cayendo, como cae el telón en cualquier obra de teatro. ¿Para qué tanta máscara si de todas formas, más pronto que tarde, sea o no carnaval, nos dejará con nuestras miserias a la vista?. Por todo ello, desprendámonos de ese artilugio que no nos lleva a ninguna parte. Sólo al fracaso, a la vergüenza, a perder el glamour cuando menos lo esperemos.

            Vivamos nuestra vida tal y como somos sin aparentar lo que no es. Sólo seres humanos con defectos y virtudes, felices o infelices, pero sin perder el ser.


LA MÁSCARA. Elda Díaz.


 
Pintura de Montse Abad

           

            Yo creo que hay ocasiones en la vida que necesitas cambiar de máscara, pues hay veces que parece que estás estupendamente y no es así. La gente no tiene porqué enterarse de las cosas que te pasan.  Hay algunas personas que se quieren enterar de todo lo que te ocurre y no precisamente para echarte una mano, sino que, sabiéndolo ellas, lo sabe  uno de cada casa y tu vida se riega como la pólvora. Por eso nos ponemos la máscara y aquí paz y después gloria.


LA MÁSCARA. Natividad Morín.






            La máscara es una palabra muy amplia. Hay muchas máscaras, la del zorro, la máscara de hierro, la de buzo, la máscara de oxígeno, las máscaras de los carnavales de Tenerife que son unos de los más famosos.
            Los que me gustan son los de Venecia, son muy célebres en todo el mundo. Estos carnavales con los antifaces que les cubre la mitad del rostro, las mujeres con unos vestidos tan lujosos y las pelucas son fantásticos. Ellas cubriéndose el rostro para que no las reconozcan y poder coquetear y provocar interés en los hombres y ellos también se cubren para no ser reconocidos y poder ligar con las jóvenes y bellas mascaritas.
            También está la máscara que nos ponemos para ocultar problemas, desengaños y tristezas, de modo que no nos dañen, aunque esta máscara es difícil de utilizar porque se nos cae y quedamos con los problemas al descubierto y se ven las tragedias personales, finalmente.





            

LA MÁSCARA. Lucía Hernández





            Se puede llamar máscara a una figura hecha de cartón u otra materia con que una persona se cubre el rostro para no ser conocida. Traje extravagante con que alguno se disfraza, por ejemplo en esta época en que estamos llamada carnavales. Todo al que le gusta se pone una careta o una mascarilla, o también un velo que le cubre la cara, esto es una enmascarada. Reunión de gente vestida de máscaras y que se reúnen en un sitio determinado con sus disfraces ridículos, a esto le llamamos mascarada.
            Yo en mi época, o sea en mi juventud, pude disfrutar mucho con máscara y sin ella, fueron tiempos muy bonitos. Hoy en la actualidad se divierten de distinta forma, pero aunque así sea, yo aconsejo principalmente a la juventud que disfruten todo lo que puedan con sus reuniones, sus bailes y que los días de carnaval no pierdan ni una hora porque esas se van y no vuelven. Yo la pena que tengo en el alma es lo poco que perdí.  Hoy solamente vivir con el recuerdo.


LA MÁSCARA VERÍDICA. Fanny.






            Conocí a una amiga cuyo nombre es Nora, que llevaba puesta una máscara. Un día, conversando con ella, sentí la curiosidad de preguntarle el por qué se cubría el rostro, y me dijo:  voy a contarte mi secreto, por ser mi amiga.
            Cuando era joven, conocí a una persona que me impactó mucho, tuvimos una bonita amistad y surgió el amor. Me propuso matrimonio y acepté encantada, fijamos la fecha de la boda y todo estaba organizado, la iglesia bien arreglada y llena de invitados, pero no sabía la sorpresa que iba a tener, me dejó plantada, nunca llegó y avergonzada salí corriendo. Llegué a mi casa, me quité el vestido, cogí un mechero y lo quemé pero, me dejó la marca, mi rostro desfigurado y es por eso que siempre la he llevado a partir de entonces.

             Nos dimos un abrazo y le dije, gracias por confiar en mí, a lo que me contestó que no confiara en los hombres, que son unos mentirosos que de alguna forma nos dejan marcadas para siempre.