lunes, 21 de diciembre de 2015

¡¡FELIZ NAVIDAD 2015!!

           


Este martes 15 de diciembre, disfrutamos del almuerzo de Fin de Año 2015 de nuestro Taller de Narrativa Flores del Teide.  Gozamos de la mutua compañía, haciendo memoria de anécdotas vividas en común durante el año que termina y nos ilusionamos al dibujar nuevos y emocionantes proyectos  en los que nos embarcaremos juntas, como si de una aventura se tratara, en el próximo 2016.  Como siempre, me sentí abrazada por su calidez y  cariño, además de la generosidad ya habitual en todas ustedes.  Un millón de gracias a cada una.  Las quiero mucho.  
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2016!!


Esta reunión tuvo como colofón las bonitas palabras que nos dedicó   nuestra queridísima veterana Lucía Hernández y que transcribo a continuación para el disfrute de todas:

“Hola, buenos días, queridas compañeras y amigas, qué día tan bonito y lo celebramos con mucho cariño porque nuestra reunión es envidiable.  Todas pertenecemos a nuestro centro Flores del Teide y en él estamos muy a gusto.  Allí aprendemos muchas cosas y pasamos ratos muy agradables; celebramos el cariño de nuestra directora y también de nuestra profesora Isabel la cual, en cierto momento, nos dijo que éramos dueñas de su admiración y cariño.  Hoy con todo nuestro amor, le queremos devolver tan bonita frase que llevamos a nuestros corazones.  Para todo el grupo deseo la mayor felicitación, igual que para toda la Asociación Flores del Teide y esperando a nuestro Niño Jesús que pronto estará entre nosotros, a él le pido salud para todas y que podamos seguir en este grupo tan bonito este próximo año.  ¡Feliz Navidad!”




miércoles, 9 de diciembre de 2015

OTRA NAVIDAD MÁS Amalia Jorge Frías


Primer día de diciembre y se respira la Navidad, ¡qué bonita palabra! y cómo nos abre los sentidos, haciendo revivir nuestros recuerdos, evocando en nosotros sentimientos tristes y alegres.  Qué pena que la hayamos convertido en una fiesta familiar y comercial, lo que conlleva, la mayoría de las veces, que nos olvidemos del sentido  que  tienen estas fechas para toda la cristiandad.
El 24 de diciembre, Cristo se hace hombre para poder, después, morir por nosotros y para que podamos tener otra madre en el cielo. Qué dos cosas tan importantes para nuestra vida a partir de ese día.  Pero, ¿qué hacemos nosotros?, lo hemos convertido en una fiesta familiar donde nos reunimos, comemos, bebemos y nos divertimos; cosas que serían positivas si no nos olvidáramos del verdadero espíritu de la Navidad.
La noche del 24, tenemos que celebrarlo, sí, pero con alegría; unas veces con unas personas y otras sin ellas, dando ejemplo a nuestros hijos y nietos para que lo sigan haciendo siempre.





MIS PRIMEROS PRETENDIENTES Elvira Martín Reyes


Tengo que diferenciar al pretendiente del año 1957 con el actual, año 2015.  El de antes era la chispa, la mirada, el acompañarte a tu casa a la luz del día, el echarte el piropo.  Yo creo que esto se mantiene casi igual…, la diferencia está en que los pretendientes de ahora son con derecho a roce, cosa impensable en aquella época.
La verdad es que me siento afortunada en ese aspecto porque, cada vez que salía de mi casa, ya tenía uno enfrente esperándome.  Aún recuerdo el primer piropo o el más que caló en mí.  Fue el de un chico que pasó cuando yo estaba en la ventana.  Se paró, me miró y, sin más, me recitó este poema:

Quítate de la ventana
no me seas ventanera
que el vino de buena cuba
no necesita banderas

Esto, con quince años, me llegó al alma.  Después, los Sabandeños cogieron el poema e hicieron con él una canción, pero que conste que yo lo escuché primero.  Busqué a su autor, se llama Víctor de la Serna y forma parte de una copla popular manchega.



REÍR A CARCAJADAS Candelaria Díaz




¡Qué divertido este título! Ya sólo con leerlo, me sale una sonrisa, lo que en estos tiempos es cada vez más difícil.  Seguro que quedan personas simpáticas, otras que se hacen las graciosas y nos reímos con ellas, pero en mi entorno escasean y es una pena.  Yo no tengo el poder de dar instrucciones a gentes con ese don.  ¡Vivan los chistes gomeros bien contados!

¡Ah, me había olvidado! Sí que tengo un familiar que me hace reír hasta atragantarme cuando pierde muchos céntimos en el juego y se cabrea conmigo. ¡Qué Dios me la conserve!



INSTRUCCIONES PARA DECIR LA VERDAD SIEMPRE Dolores Fernández Cano




La verdad debe decirse mirando directamente a los ojos de los interlocutores, sin intimidación, sin pestañear, con seguridad y firmeza.
Para decir la verdad, hay que hacerlo con voz melodiosa, como si se tratara de una escala musical, en tono adagio.
Para decir la verdad, debes tener conciencia de tus derechos.  Es necesario aprovechar las oportunidades que revolotean encima de tu cuero cabelludo, sobre todo cuando llega la bajamar, ya que es el momento preferido por las circunstancias.

Para decir la verdad, hay que poner muchísima sal alrededor de tu espacio vital, ya que es preferible una verdad resalada, a una mentira piadosa.




DECIR LA VERDAD SIEMPRE Candelaria Bacallado




            Era un niño muy inquieto y muy vivaz, preguntaba a su familia por todo y sus por qué no siempre tenían respuesta.  Cuando esto ocurría, él le recordaba a sus padres que ellos le habían enseñado a decir siempre la verdad.

            Conforme crecía, vio como estos ideales no siempre estaban en concordancia con lo que él creía que era la verdad.  Pensó que no era tan fácil porque la verdad puede dañar.  Aun así decidió actuar de acuerdo a sus creencias.  Elegir la verdad aunque ésta fuera algunas veces dura, era mejor que mentir piadosamente como él había escuchado alguna vez...




HAY QUE DECIR LA VERDAD Lucía Hernández




En este mundo en el que nos encontramos, son más las personas que mienten que las que dicen la verdad, aunque se puede perdonar alguna mentira piadosa, pero para mí resulta muy desagradable una persona que diga mentiras.
Los mayores mentirosos que existen son los políticos, pero esa es su misión, mentir unos a otros.  Se insultan, critican sus vidas y hechos y al fin se encuentran y se abrazan; esa es la política, así vivimos oyendo mentiras todos los días y después se dan la buena vida y nosotros somos los que pagamos todas esas deudas.

Muchas veces sucede que una persona dice que te vio o que dijiste una cosa sin haberlo hecho; todo incierto pero, ¿cuál es la solución? Hacer la vista gorda y perdonar porque las discusiones son muy feas.  Hay personas que gozan por decir una mentira y si con ella te ofenden, mucho mejor.  A veces son cosas increíbles que ocasionan grandes disgustos pero, como Dios perdonó a sus enemigos, nosotros debemos pensar en la paz y así viviremos mejor.  Como no vamos a heredar este mundo, cuanto mejor lo pasemos, viviendo una vida tranquila con mucha paz y cariño, más felices nos iremos al otro barrio.



LA VERDAD Elda Díaz




La verdad siempre tiene que ir por delante pues, como digas una mentira, sin darte cuenta la verdad salta a la vista y después la que queda mal eres tú.  Ya se sabe que la persona mentirosa siempre es conocida como tal por los restos, así que tomar nota de esto:  lo mejor es decir siempre la verdad.







INSTRUCCIONES PARA LA RISA Natividad Morín



Para reír a carcajadas no hace falta sino que te hagan cosquillas; te partes de risa como cuando te cuentan un chiste gracioso.  También hay personas a quienes les da risa cuando alguien tropieza y se cae.
La risa es muy contagiosa porque si ves a otras personas reír, es casi imposible que no lo hagas tú también al mismo tiempo.
Si eres propensa a la risa, tienes que ir preparada; tendrás que ponerte un salva-slip, quiero decir, aquí entre nosotras.
Es verdad que la risa es bonita verla cuando tienes unos dientes blancos y parejos; la risa que llamamos profiden.
Curioso es que al reír también nos salgan lágrimas.  Pero a mí las risas que más me gustan son las de los bebés; son preciosas y tiernas, además de contagiosas.  Te dan ganas de comértelos a besos.
Sigan mi consejo, amigas, cuando rías con ganas, cierren las piernas porque de no hacerlo, tendrán un problema, digamos acuoso.


ESAS NOCHES DEL SUR Candelaria Bacallado



En el sur de la isla, hay noches interminables que no acaban nunca.  Cuando eso ocurre, los jóvenes se sientan en torno a la plaza del pueblo; eso suele ser en el solsticio de verano.
Aseguran que esas noches pasan cosas que rozan lo increíble, como ésta que les cuento:
Miguel es un joven a quien su amigo Juan animó para que asistiera ya que había roto con su pareja y estaba desanimado.  Como Juan le había dicho, cuando dan las doce de la noche, se sientan todos en círculo y con los ojos cerrados, visualizan aquello que desean conseguir, o lo que necesitan.  Luego, van a la orilla de la playa y esperan a que sucedan los acontecimientos.
Esa noche, cuando todos los jóvenes estaban en la orilla de la playa, a bastante distancia, salió del agua una joven bellísima que invitó a Miguel a introducirse en el mar con ella.  Todos lo miraban, esperando su reacción.  El chico parecía hipnotizado mientras caminaba por la playa hacia donde estaba la preciosa muchacha.
Los jóvenes que habían quedado en la orilla, impresionados, trataban de vislumbrar a la pareja, pero fue imposible.  Amedrentados, decidieron alejarse del lugar para esperar al amanecer a ver qué había pasado con Miguel.  Cuando poco después, apareció, ante sus insistentes preguntas, él sólo dijo haber experimentado algo especial que había cambiado su vida.

Desde ese día, cuando llega la noche interminable, los jóvenes del sur siguen esperando que les ocurra lo mismo que a Miguel, que continua feliz por haber sido elegido aquel noche de solsticio.


INSTRUCCIONES PARA LA VERDAD Y PARA LA RISA de Teresa Jiménez

INSTRUCCIONES PARA LA VERDAD  Teresa Jiménez
Las verdades siempre duelen, así que hay que decirlas sólo cuando te beneficien a ti, o para resarcirte de problemas que te hayan hecho daño, de no ser así, una mentira piadosa es siempre la mejor solución; de ese modo evitamos perjudicar a otros.




REÍR A CARCAJADAS  Teresa Jiménez
Nada para reír a carcajadas, como ver a los políticos jugarse nuestro futuro, entre bromas y veras, como le pregunta Rajoy a Bertín, en un avance del programa de tv:
–¿Quién te gusta más, Pedro o yo?

A ver qué le contesta Bertín esta noche, para nosotros reírnos a carcajadas

INSTRUCCIONES PARA REÍR A CARCAJADAS Fanny







Si alguien empieza reírse, es probable que los que estén a su lado también lo hagan, desatando así una cadena de carcajadas muchas veces difíciles de controlar, que hasta pueden durar unos minutos.
Otra cosa a tener en cuenta, si sospechas que están por llegar unas buenas carcajadas, es dejar a un lado lo que esté bebiendo, porque si no lo hace, puede que la bebida le salga por la nariz.  Ya se sabe que la risa es contagiosa.





miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL SECRETO Dolores Fernández Cano




         Este es un secreto muy bien guardado que está a punto de dejar de serlo.  Les cuento que en el barrio de La Salud de nuestra ciudad, los abuelos –y no las abuelas– bordan el manto de la Virgen de la Soledad, cuya imagen de estilo barroco se encuentra ubicada en el lado izquierdo del altar mayor de nuestra iglesia, regentada por el párroco Don Gumersindo, llegado el mes pasado desde el Vaticano, por orden del clero catedralicio.
         Los abuelos, unidos por la Alianza Gubernamental, ponen todo el empeño que les caracteriza en esta misión.  Agarran con sus arrugadas manos las agujas de fina plata, enhebrados con  hilo de perlas, para crear sobre el susodicho manto una linda flor de Jesús.  Trabajan día y noche, con la intención de acabarlo lo más rápido posible, ya que lo tiene que lucir la Señora en la Semana Santa que está por llegar.



         

ESAS NOCHES DEL SUR DE TENERIFE Candelaria Díaz





         En el sur de la isla, hay noches interminables que no acaban nunca.  Cuando eso ocurre, los jóvenes se sientan en los chaplones del patio a contar relatos y leyendas de las gentes del lugar.  De una de esas noches salió la historia de la niña de las peras, a quien su madre mandó al barranco de Badajoz por ellas, Güimar de arriba, y no volvió.  Por mucho que la buscaron, no la encontraron, así que el caso  causó mucho impacto en los lugareños. Pero, hete aquí, que cuentan que apareció muchos años después aunque, tal y como era en el momento de su desaparición.  La niña encontró a su madre anciana.  Este hecho conmocionó al pueblo, que no daba crédito al suceso. Unos opinaban que era cierto, otros se mostraban escépticos; yo por mi parte, lo creí pues, caminando un día por ese Barranco de Badajoz, vimos a los ancianos de barba blanca; eso que contaban haber visto muchas personas.  Para mí no hay duda de que estos lugares del Valle de Güimar son mágicos.



ESAS NOCHES DEL SUR Amalia Jorge Frías





         En el sur de la isla, hay noches interminables que no acaban nunca.  Cuando eso ocurre, los jóvenes se sientan sobre la arena para ver a los chinos meterse en el mar, caminando hacia el agua haciendo mucho ruido.  Es digno de ver cómo saltan los peces y cómo los chinos, poniéndose  en grupos de cuatro, tiran cada uno por una punta de la manta que, pasados unos minutos y llena de peces, arrastran hasta la orilla, porque es tal la cantidad recolectada que no hay quien pueda cargarla.  Es un espectáculo tan especial que las horas se les pasan volando.

         Cuando los jóvenes llegan a la casa y lo cuentan para justificar su tardanza, los padres se enfadan porque creen que los chicos han bebido o han tomado drogas, pero ellos lo único que tienen es sueño.



martes, 1 de diciembre de 2015

ESAS NOCHES INTERMINABLES Natividad Morín


         En el sur de la isla hay noches interminables que no acaban nunca.  Cuando eso ocurre, los jóvenes se sientan en la arena de la playa para disfrutar de la compañía de sus amigos.  Allí se reúnen para contar historias sobre las que han investigado previamente porque…son unos fanáticos de lo paranormal.
         Conocen leyendas que han escuchado por aquí y por allá, o sobre las que han leído a escritores e historiadores de otras épocas.  Nunca dejan de ir a eventos donde los entendidos dan conferencias sobre el tema.  Nunca se lo pierden y lo graban todo para estudiarlo.

         Una de esas noches, cuando estaban más exaltados contando lo que había dicho Iker Jiménez en su programa, observaron como algo se movía en la superficie del agua.  Era una sombra con forma de mujer, casi etérea, ligera, grácil.  Esa sombra se fue aclarando y los chicos, primero perplejos, reaccionaron para sacar sus móviles y empezar a sacar fotos y videos del suceso, antes de que aquella visión se disipara.  Después, cuando se dispusieron a verlo, se quedaron de piedra; ¡era verdad!, todo lo que habían creído ver era cierto…Tendrían que compartirlo en Cuarto Milenio.


VAMOS A CONTAR MENTIRAS, TRALARÁ… Teresa Jiménez






En mi boda, que fue en 1955, disfrutamos de una celebración por todo lo alto.  Desde Miami, Julio Iglesias vino en su avión particular para cantarme De niña a mujer.  Entre los invitados también estaba Marujita Díaz. ¡Lo pasamos bomba!  Entre flamencadas y melodías, no se ha visto nada igual.



NOCHES INOLVIDABLES EN EL SUR Fanny





Los jóvenes Pablo y Esmeralda son buenos amigos que han hecho una reserva para pasar un fin de semana en un hotel del sur, en Playa de  las Américas.
La primera noche, salieron a caminar por la playa y optaron por tender sus toallas en la arena.  Se acostaron sobre ellas con la mirada hacia el cielo para observar la luna resplandeciente y la multitud de estrellas y luceros, mientras escuchaban el ruido de las olas y sentían la suave brisa que les ofrecía el mar.  Finalmente, se dejaron dormir y sólo se despertaron cuando el sol de la mañana calentó sus rostros.  ¡Se sintieron felices de haber disfrutado de una bonita y romántica noche!
El segundo día, salieron de compras y por la noche se fueron a bailar a una discoteca en la  que se encontraron con sus amigos, con los que se sentaron a tomar unas copas para celebrar el encuentro.  Después de haberlo pasado muy bien, se despidieron y se fueron a descansar.
La última noche, Esmeralda se puso su chaqueta nueva y, al salir del hotel, fue sorprendida por un tipo que la amenazó con un puñal y le robó el dinero que tenía para el regreso.  Ella entró llorando al hotel para contarle lo sucedido a Pablo.  Éste le dijo que llamaría a su padre porque no podían quedarse embarrancados como ballena en la arena. Ella le dijo que no era necesario porque, como mujer precavida que era,  había guardado un dinero para cualquier emergencia que pudiera surgir.  Pablo se felicitó por tener tan gran amiga.

Ya de regreso a sus hogares, contentos, se dicen que después de todo lo sucedido, se quedaban con lo bueno de aquellas noches inolvidables.  Lo volverían a repetir.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA CHIQUILLA Candelaria Díaz



Aquella niña quedó huérfana por el temporal de mayo.  Corrieron todos los barrancos de las islas y su madre se ahogó en uno de la Gomera.  Una buena mujer la recogió y crio junto a sus hijos.
Al pasar los años, la señora tuvo miedo de la ya jovencita y sus dos chicos y decidió mandarla a Tenerife con un hermano.  Partió la joven pero, su cuñada no la quiso y se vio en la calle.  Deambuló perdida hasta dar con las monjas, madres de chicas con problemas.  La acogieron, le buscaron un empleo con una alemana.
Con el tiempo, se compró un pisito.  Mucho después, se jubiló y, como era muy inquieta y no podía parar, creó el jardín de su Iglesia, admirado por todos.
Le faltó algo más y tocó aquí y allá, hasta que fundó un Centro para Mayores y lo llamó Flores del Teide.  Con él creo una familia de desconocidos.
Cuando llegó su hora, partió dejando un gran vacío y, como le cantaron en su despedida porque ella así lo quiso:

Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma

Y es la pura verdad, recordada María Luisa Mendoza




IMPACIENTE Natividad Morín



Ella miró el reloj, se retrasaba, le había dicho que fuera puntual y ni caso.  No podía esperar más, cuando llegara se iba a enterar, le echaría una bronca que no olvidaría.  Seguro que la próxima vez se lo pensaría antes de atrasarse.  Ella era consciente de que había que darle un poco de libertad para que conociera cómo es la vida y se acostumbrara a los problemas de la calle, pero era tan fácil que cayera ante cosas tan llamativas…Los ojos y los pasos seguirían detrás de esas tentaciones…
Le dijo que no tardara y él era muy inteligente, seguro que lo había entendido, pero como era tan extrovertido, habría hecho nuevas amistades.  Era la primera vez que incumplía el horario de llegada…¿y si se había perdido y no recordaba el camino de vuelta?.  Se tranquilizó; de todas formas llevaba el collar con su nombre y el domicilio.  Alguien lo encontraría y se lo traería. ¡Era la única compañía que tenía!  Su perro era casi humano y lo adoraba.



MI PRIMERA REGLA Dolores Fernández Cano



         Cuando sucedió, fue una experiencia frustrante.  Yo contaba doce años y estaba en el Colegio.  Después de transcurrir las primeras horas de la mañana, aprovechando el permiso para ir al servicio, descubrí aquella sangre que fluía de mi cuerpo.  Pensé que iba a morir.  Sin atreverme a contárselo ni a las monjas ni a las compañeras, ante aquel problema, opté por ocultarlo hasta llegar a casa, si todavía estaba viva, claro.
         Por fin, llegó la hora de ir a comer y, ante mi sorpresa, mi madre ya me estaba esperando con el pañito y procedió a explicarme que aquello era normal pues aparecía cuando nos hacíamos señoritas.  A partir de ahora, me dijo, te visitará todos los meses.
         Así resultó, mes a mes recibí la incómoda visita hasta llegar a la menopausia pero, ésta no me pilló sin preparación, porque me estuve documentando sobre el tema.

         ¡Hay que ver por lo que tiene que pasar nuestro sexo femenino!


MIS DOS REGLAZOS Fanny





         Cuando tenía once años, estaba en el Colegio, Quinto de Primaria.  Un viernes, la profesora dejó como tarea para el lunes siguiente, estudiar las tablas.
         Éramos veinticinco alumnas y ese día, poco después de sonar el timbre, nada más entrar a clase, nos comenzó a preguntar una por una.  Cuando llegó mi turno, me quedé en silencio.  Le dije, lo siento, pero no me sé nada, no pude estudiar porque mi primo me invitó a su cumpleaños.  Ella se enfadó mucho y dirigió su mirada al escritorio.  Sobre él tenía una regla de unos cinco centímetros de ancho.  Me ordenó que pusiera las manos con las palmas hacia arriba.  Con un reglazo en cada mano, me las dejó marcadas, tanto que lloré y lloré…

         -Esto es para que cuando seas adulta recuerdes que si quieres triunfar en la vida tendrás que tener responsabilidad.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

AQUEL VESTIDO Candelaria Díaz



         Ese vestido es para mí un recuerdo imborrable; les cuento: tela viscosa, estampado ver mar, de tonos pastel…  Lo estrené en un baile de estudiantes en la Casa de Venezuela de Las Ramblas.  Allí conocí a un chico de Milicias, con su uniforme de teniente, un poco tímido, cara de buena gente.  Yo estaba encantada.  Cuando comenzó el baile, él me tomó de la mano y bailamos.  Él me miraba y yo hacía lo mismo.  Yo me dije, ¡esto es cosa del vestido!.

         Allí empezó algo, el tiempo se nos hacía corto, paseando, yendo al cine, ¡era un sueño!.  Lo fue hasta que un día pasó lo más triste.  Los compañeros de Luis, que así se llamaba, me dieron la noticia: había sufrido un accidente mortal.  Todo oscureció por largo tiempo.  Guardé el vestido en un cofre con otros recuerdos y hasta hoy, siguen allí.  Cosas del destino.


LA HISTORIA DE MI PELO Dolores Fernández Cano






         Cuando era bebé, mi cabeza estaba pelona; contaba un solo pelo.  Mi madre colocaba un lazo a este tieso pelo mediante un broche a presión.  Transcurrido el tiempo, nacieron más cabellos; eso sí, totalmente lacio, abundante pero lacio. 
         Mi mamá era una enamorada de los rizos y las ondas, por ese motivo me llevaba a la peluquería para que me hicieran la permanente.  Aquello resultaba un martirio, pues enrollaban el cabello mechón a mechón, en una especie de rulos muy calientes; así quedaba el pelo rizado.  Pesaban una tonelada pero, yo permanecía calladita, sin rechistar porque entendía que era mi deber sacrificarme para poder lucir una cabeza con sus graciosos rizos, aunque mi testa sufriera lo indecible. Después de algún tiempo, inventaron otro procedimiento más cómodo, más ligero de hacer el moldeado.  Por mi parte, cuando cumplí los dieciocho años, decidí que no quería más rizos artificiales. 

         En la actualidad, sigo con el pelo lacio y además canoso.  Me gusta, me veo bien, por eso no deseo teñirlo.  Esta es la historia de mi pelo que, por fin, vive como desea, libre de todo convencionalismo.


martes, 17 de noviembre de 2015

PALABRA DE LA SEMANA. NOS LA PRESENTA Amalia Jorge Frías


AMA





         Una de mis palabras favoritas es muy corta, solamente tres letras: Ama.  En tono imperativo, es un consejo que yo daría; el mundo sería mucho mejor si todo lo solucionáramos con esa palabra tan sencilla. 
         Que nos cae mal alguien y por más que lo intentes no la pasas; ama.
         Que tienes un trabajo impuesto y te supone un sacrificio porque no te apetece: ama ese trabajo, no intentes cambiar a las personas que te acompañan, ni lo que tienes que hacer, únicamente ama a esas personas y a ese trabajo y a todo lo que te rodea: tu vida será más agradable y más plena.
         Otra de las razones por la que esa palabra es tan importante para mí es que tres personas de las que más me han amado en mi vida, la han empleado como diminutivo para llamarme.  Esas tres personas han sido mi padre, mi hermano y mi esposo: ¡Ama!




MI PELO Natividad Morín





De pequeña tenía el pelo largo, fino y liso.  Me peinaban con trenzas, que dejaba colgando o recogidas hacia arriba, sujetas con un lazo.
Unos años después, con doce o 13 años, me hicieron la permanente.  Fue un martirio, con aquellas pinzas calientes que quemaban el pelo y el cuero cabelludo: era lo que había en aquella época.
Con el paso del tiempo, mi pelo fue creciendo hasta convertirse en una melena larga que me llegaba por la cintura; era lisa como la llevan las chicas de ahora.
Después de tener a mis hijos, mi pelo empezó a caerse más y más.   Mandé a que me lo cortaran por los hombros. Ese pelo sobrante lo tengo guardado como un recuerdo, cuando lo que a lo mejor debería hacer con él es ¡una peluca!.  A medida que me hago mayor, tengo menos pelo.
Cuando voy por la calle y veo a cualquier señora con una cabellera abundante, siento admiración y envidia pero, ¡envidia sana!




PRIMERAS RESPONSABILIDADES Candelaria Bacallado





Cuando yo tenía once o doce años, mi madre enfermó y tuvo que guardar cama durante bastante tiempo.  Vivíamos entonces en la casa de mis abuelos, que eran muy mayores y también estaban enfermos.  Mi abuela tenía cataratas y estaba ciega; a mi abuelo le había dado una trombosis.  Así que en medio de esa tesitura, me vi en la obligación del relevo de mi madre.  Pese a todo, nunca pensé que aquello era mucho para mí.  Acepté de buen grado la responsabilidad de la casa y del cuidado de tres personas enfermas.
Recuerdo un día que fue un poco complicado.  A mi abuelo le bajaba la tensión con frecuencia y se desmayaba.  Cuando esto ocurría tenía que darle unas gotas.  Ese día del que hablo, estaba sentado en la sala cuando sucedió.  Yo le di las gotas directamente en la boca, sin agua, sin saber siquiera si las podía tragar o no.  Cuando se recuperó y vio que estaba en su cama, me preguntó:  ¿quién me trajo hasta aquí?.  Al contestarle que había sido yo, le pareció imposible porque yo era muy delgada y él un señor muy alto pero,  ¡querer es poder!


PRIMER DIENTE Fanny



Cuando mi hija nació, fue el día más feliz de mi vida.  Seis meses después, le salió su primer dientecito de leche y mi hija lo estrenó dándome una fuerte mordida en el pezón.  Me dolió tanto que sentí el impulso de darle un pellizco en su traserito pero, no pude.  Era un pequeño bebé que no sabía lo que hacía, obviamente y además, bien sabido es que una madre es capaz de soportar el dolor que le cause un hijo, en su niñez y también siendo mayor de edad.



MI PRIMERA COMIDA Elda Díaz


Cuando tenía veinte años, hice mi primera comida.  Les adelanto que no me salió muy bien.
Cuando me casé, en casa éramos seis y un día que mi suegra estaba enferma, yo tuve que hacer el rancho para el almuerzo.  En mi papel de cocinera por primera vez, le pregunté a mi suegra qué cantidad de agua debía ponerle, a lo que ella contestó que la que yo le pusiera estaría bien.  Para que no se ofendiera mi madre, no me atreví a preguntarle a ella, y aunque no muy convencida con la respuesta, yo terminé el rancho como pude.

Cuando todos llegaron a comer, aquel rancho estaba tan espeso que, aunque hubiera dado la vuelta al caldero, aquello no se podía mover.  Los pobres comensales se comieron… eso… sin rechistar.  Por lo menos estaba buena de sabor y las cosas no estaban como para quedarse sin comer.  La próxima vez estaría mejor y lo estuvo, claro que sí.


EL ROSAL AZUL Antidia Iraida Fernández



A Luisa le regalaron un rosal muy especial, al que tenía que dedicarle muchos cuidados, por lo cual le recomendaron que lo mejor sería que compartiera tal tarea con otro persona de su entera confianza.  Por tal motivo, Luisa le dijo a su amiga Ana que la ayudara en los cuidados del rosal.  Aunque su amiga aceptó, ella percibió que su amiga no lo hacía muy convencida.  Así y todo, siguieron adelante, después de establecer unas normas para que todo saliese de acuerdo con las recomendaciones que le habían dado.
El rosal debía regarse dos veces al día; una por la mañana y otra por la tarde, siempre a la misma hora.  También acordaron que si pasaban tres segundos y no había sido regado por la que tocaba, sería la otra la que abriría el grifo en su lugar.
Pese al acuerdo, como la imperfección existe, uno de esos días, Ana no abrió el grifo a la hora establecida por lo que Luisa al darse cuenta, lo regó, con tan mala suerte, que un poquito después y preocupada por su retraso, Ana repitió la operación.  Por supuesto, al rosal le llegó más agua de la recomendada y se dañó.  Sus rosas azules tan preciosas cambiaron de color, tornándose grises y sin vida.

Luisa lloró mucho y estuvo mucho tiempo disgustada.  Después de meditar mucho sobre lo sucedido, concluyó que el hecho ya no tenía solución, pero de ello aprendió que nunca más compartiría responsabilidades con nadie.  El pasado, pasado estaba; el futuro sería de otra forma.

lunes, 9 de noviembre de 2015

INVITACIÓN PRESENTACIÓN DEL LIBRO: "LAS FLORES DEL TEIDE NARRAN"

ESTÁN CORDIALMENTE INVITADOS


MIÉRCOLES  11 DE NOVIEMBRE  2015
20:30 HRS

REAL CASINO DE TENERIFE
Plaza de Candelaria, 12
Santa Cruz de Tenerife





miércoles, 14 de octubre de 2015

UN VESTIDO ESPECIAL Elvira Martín Reyes





Por la tarde, sentada en los escalones de mi casa, pensaba en un vestido especial, uno que pudiera ponerme casi a diario.  Luego, me miraba en el espejo, como si lo estuviera estrenando, y me veía con mi lazo azul marino y mis zapatitos negros relucientes y con sólo imaginarlo, ¡ya estaba contenta!.
Así fue hasta que llegó el primer día del curso y mi madre me vistió con el mismo uniforme y los mismos zapatos, mientras me decía: ¡pareces una princesa!.  Yo, con mi imaginación, me veía con mi vestido especial, no importaba que fuera el viejo porque yo lo sentía nuevo porque mi sueño ¡era tan real! como el optimismo de mi madre al compararme con una princesa. 
Dando rienda suelta a la fantasía, me dirigí al colegio como la niña más feliz del mundo.




MI VESTIDO ESPECIAL Luisa Delgado Bello



Aquel traje me trae tantos recuerdos que todavía, después de más de los cincuenta años que han pasado, lo tengo en el fondo de una gaveta del armario.  No olvido lo feliz que fui con él cuando lo estrené, teniendo a mi lado a mi novio.
Ese precioso vestido me lo trajo mi marido de Venezuela.  Me lo compró en las famosas Torres del Silencio que, en aquella época creo era donde estaban las mejores tiendas de Caracas.
Era y es violeta de guipur con la parte interior de seda y un cinturón de raso con una flor de la misma tela en la cintura.
El día que lo lucí por primera vez fue con motivo de las fiestas de mi pueblo y me eligieron reina de ellas.  No es por fanfarronearme pero en esa época yo estaba muy guapa.  Si quieren verme tal como era años atrás, la foto está colgada en la pared de la Asociación Flores del Teide.




AQUEL VESTIDO ROJO Dolores Fernández Cano

Aquel vestido que voy a recordar con ayuda de las fotos familiares, fue comprado por mi madre en un viaje de placer que hicimos a Barcelona.  Era una prenda única, un modelo exclusivo en color rojo.  La delantera y los bolsillos estaban bordados en trazos geométricos, con hilo blanco.  Del talle salía un cinturón de la misma tela, que se ataba detrás en forma de lazada.
Ese vestido estaba reservado para las ocasiones excepcionales, como la Fiesta del Cristo de La Laguna, la Romería de San Benito,… En Corpus lo lucía cuando paseábamos admirando las alfombras y algunos domingos lo vestía por las mañanas para asistir a misa y en las tardes para ir al cine.
Con nueve años, como tenía entonces, con ese vestido me sentía una personita muy importante. 

¡Es asombroso como un vestido puede aflorar en nuestro ser tantas emociones!


¡AQUEL VESTIDO! Natividad Morín



Aquel vestido fue el más bonito que tuve en mi infancia.  Me lo hizo una prima costurera.  Era blanco, no recuerdo la clase de tela, pero hacía ruido cuando movía la falda.  Era rizado en la cintura, con mucho vuelo, mangas bombachas y cuello bebé.  Tenía unas alforzas  estrechitas en el pecho, mangas y falda, así como unos volantitos por arriba y por debajo de las alforzas.  El vestido estaba rematado con un gran lazo trasero y todo él en conjunto a mí me parecía precioso.  Por aquel entonces yo tenía doce años y estaba encantada con él.
Me lo confeccionaron para que lo estrenara en la boda del mayor de mis hermanos y luego me lo ponía los domingos para salir con mis amigas.

Recuerdo que mi madre tenía un espejo grande y yo me miraba en él cuando me enfundaba en mi vestido.  Empezaba a dar vueltas y la falda se subía enseñando mis piernas y…¡hasta las bragas!.  ¡Qué orgullosa estaba yo de mi vestido!

¡UN VESTIDO DE PELÍCULA! Elda Díaz





Cuando tenía dieciocho años, estrenaron una película muy bonita que llevaba por título “Cuando ruge la marabunta”.  La protagonista de la peli lucía un vestuario precioso.  Uno de los trajes con los que salía, me impactó de tal manera que me enamoré de él nada más verlo y no paré hasta conseguir hacerme uno casi igual.  Cuando lo logré me quedé tranquila y toda la vida me acordaré de él con alegría por lo feliz que me hizo estrenar un vestido igual al de Eleanor Parker.


LOS VESTIDOS DE MI VIDA Lucía Hernández



Yo me he puesto a pensar y creo que a todas las mujeres, en el transcurso de nuestras vidas, nos ha ilusionado lucir un trajito nuevo.  En mi juventud, yo gozaba diciéndole a mis amigas: ¡voy a estrenar un vestido!, qué tontería, ni que eso fuera gran cosa.
Tengo recuerdos muy bonitos de mi vestido de comunión, tal vez porque evoco la gran ilusión de ver reunidos a mi familia y a los amigos para pasar un día alegre como aquel.  También mi traje de novia, el que lucí el día de mi boda, el más bonito de mi vida, cuando empecé la unión con la persona con la que compartí cuarenta y siete años de mi existencia.
Hay mucho que contar sobre los trajes. Recuerdo cómo me gustaba lucirlos en los bailes del Casino de Santa Cruz de La Palma, sobre todo en Fin de Año, con mi vestido largo…

Recuerdos de nuestra vida alegres, que nos dan satisfacción pensando en las fiestas y en los ratos felices que pasamos… y que hacen que olvide el último vestido, el de la despedida definitiva…



UN VESTIDO ESPECIAL Fanny




Un vestido que ha sido especial en mi vida, fue aquel que estrené cuando cumplí dieciocho años, tal vez porque con él comenzó una nueva etapa en mi vida. 
Aquel traje era de color rosa y estaba adornado con bonitos encajes y lentejuelas preciosas.  Me lo confeccionó mi prima, una costurera excelente.  Ella me lo entregó diciendo que aquel sería su regalo para mí, por ser su prima especial.

Ese precioso vestido está y estará por siempre en mi memoria porque con él conocí al que fue mi esposo.



RECUERDOS COLOR AZUL Amalia Jorge Frías


Mi madre se empeñó en comprarme tela para un vestido en Almacenes Bamhna; donde más caras las vendían.  Era una preciosa batista bordada de color azul.  Ella cosía muy bien y me lo confeccionó con un cuello redondo y mucho vuelo.
Yo estaba muy feliz con mi vestido nuevo.  Lo estrené el día del Carmen, como se acostumbraba en aquellos tiempos (sólo se estrenaba dos veces al año; ese día y en la festividad de la Cruz el Tres de Mayo).  Luego, me los ponía en grandes ocasiones, entre ellas las fiestas patronales de Arafo y de Fasnia.
Al año siguiente, mi madre le quitó el cuello y en su lugar, le hizo un escote y de ese modo, ¡lo volví a estrenar el día de La Cruz!.
¿Pueden imaginarse mi sorpresa cuando al tercer año vi como lo desarmaba otra vez para hacerlo de nuevo?  ¡Ah, no!.  Le dije muy en serio:
 –Me niego a volver a estrenarlo. Me lo pondré, pero a cambio quiero otros dos vestidos para las fiestas señaladas.  Yo no vuelvo a la fiesta tres años seguidos con el mismo traje, aunque le hayas cambiado el modelo.
Mi madre, la pobre, no tuvo más remedio que acceder, aunque aquel me lo seguí poniendo hasta que no me sirvió.
Aun un poco cansada de ir siempre vestida de azul, tengo que reconocer que cuando miro hacia atrás, en mis mejores recuerdos aparece ese vestido que estaba tan unido a mí, como si de una segunda piel se tratara.





AQUEL VESTIDO Eutimia Espino



Era la fiesta de Santa Margarita y, como todos los años, aprovechando esa celebración, todas las amigas estrenábamos traje y zapatos nuevos.  En aquella ocasión, yo me hice un bonito vestido de crespón con falda de tablas que estaban de moda.
Ocurrió que las chicas del pueblo vecino de Guatiza, que venían caminando desde Mala, vinieron a mi casa a dejar los zapatos viejos, para ponerse los nuevos para ir al baile.  No quiero acordarme de lo que sucedió después, porque fue horrible.
¡Yo estaba tan contenta con mi traje!.  De regreso del baile, yo llegué a mi casa primero que el resto de chicas.  Me quité el vestido y lo coloqué encima de una silla, antes de irme a dormir.
Cuando me levanté, fui a verlo.  Me llevé la desagradable sorpresa de descubrir que me lo habían mordido. ¡Qué gran desilusión! Con tristeza, tuve que desbaratarlo para cortar el rasgón que me habían hecho y le di forma a la falda otra vez.  Nadie sabe lo que sufrí yo con motivo de aquel desagradable incidente.

     Está claro que, después de aquello, no las dejé más ir a mi casa.