martes, 16 de octubre de 2012

PRIMERA MEMORIA de Mary Rancel



Existen recuerdos que perduran en el tiempo a pesar de que éste pase irremediablemente.  Como cualquiera, he tenido niñez, juventud, madurez y, ahora… vejez; mejor dicho, tercera edad.  La época más plena de mi vida, por decir algo.
A veces, me pongo a ver fotos del ayer, evocando otros tiempos que se fueron para no volver.  Uno de esos días, reparé en una fotografía en la que me vi joven junto a mi marido.  En ella, se distinguen nuestras siluetas y un misterioso atardecer que le da un aire de romanticismo.  Mi primera memoria me llevó a repasar el lugar de la instantánea.  Fue sacada por una amiga, con una cámara que ahora guarda mi hija como recuerdo.
Por mi nostálgica memoria, pasa como si de una película se tratara, el instante en que fue inmortalizada la escena.  Ocurrió en un bonito ocaso, estando de visita en Loro Parque.  El entorno era aparente y mi amiga, entusiasmada, nos dijo:
-Colóquense, que quiero hacerles una foto que va a quedar preciosa.  Este ambiente es ideal y  la luz casi en penumbra hará el resto. ¡Van a flipar cuando la vean!
Efectivamente, la foto nos gustó mucho.  Fue nuestra preferida durante mucho tiempo, por lo que la coloqué en un marco sobre un mueble.  ahora, descansa en el álbum y, su lugar de preferencia lo ocupa una foto de nuestro nieto.


LA BODA de Luisa Delgado Bello



El sábado 30 de noviembre de aquel año, hizo un tiempo radiante en las islas.  Soplaba una brisa suave y el cielo estaba despejado.  A las cinco de la tarde, aún brillaba el sol esplendoroso.  La novia estaba en su dormitorio.  El traje de novia le sentaba muy bien; con aquel sombrero y el velo parecía una princesa de cuentos de hadas.  Su madre subió a darle el ramo que habían preparado sus amigas.
-¡Dios mío, hija mía! ¡Qué preciosa estás! –exclamó nada más verla.
Ya se oía la música en el jardín.  Los invitados la esperaban.  Su padre marchaba por el salón como un avestruz que trataba de agrupar a sus polluelos.  Casi al instante, apareció el hermano con el novio.  Él también iba muy elegante, aunque algo envarado.  En cambio, el novio era la viva imagen de la desenvoltura y la naturalidad. 
A los acordes de la marcha nupcial, apareció la novia, del brazo de su padre.  Cuando los novios se sentaron ante el altar, ella miró con amor y ternura a quien iba a ser su esposo.  Él había llegado a ella desde muy lejos pero, estaba convencida de que juntos los dos, llegarían más lejos aún.  Ambos sintieron que habían estado esperando el uno por el otro desde hacía muchos, muchísimos años… pero, allí estaban, empezando juntos una vida nueva.


LA CASA DE LOS ESPÍRITUS de Carmita Díaz




En tiempos muy remotos, existió un pueblo en el que las gentes tenían mucho miedo de vivir.  Decían que estaba embrujado porque, de la torre que había en el centro de la aldea salían miles de brujas por las noches, montadas en escobas y que éstas eran perversas, muy perversas.  Se contaba que, a las personas que pasaban cerca de, le asestaban escobazos hasta dejarlas moribundas.  Luego las metían dentro de la torre y allí las quemaban.  Por las noches se oían lamentos, gemidos y arrastramientos de cadenas.  Las brujas salían con formas fantasmales; unas sin cabeza y otras sin extremidades.  Decían que todo el mundo podía verlas porque desde la torre, se elevaban a gran altura.
Para poner fin a esa terrible situación, cuentan que los habitantes decidieron quemar el pueblo entero.  Así se terminó el miedo y así acaba esta historia que es leyenda.

UNA FAMILIA ATÍPICA de Mary Rancel


de  HISTORIAS DE LA TÍA TRINA II

  

Mis tíos y primas llegaron a la casa de la familia del novio a la hora prevista.  Se saludaron con cordialidad.  Mi tía, muy perspicaz, percibió enseguida que los familiares del novio eran personas tradicionales, de carácter serio y reservado.  Antes de la comida, charlaron durante un rato de cosas triviales.  Después de la sobremesa, los componentes de la familia del novio, muy formales, optaron por sentarse en sendas sillas y quedarse inmóviles y sin pronunciar palabra.  Así transcurrió la velada.  Los novios charlaban animadamente, al parecer, sin tener en cuanta lo que pasaba a su alrededor.
En vista del panorama y de la animación que reinaba en el ambiente, mis tíos decidieron dar por terminada la reunión y se marcharon muy dignos.  A la novia se le hizo corta la visita pero, en aquellos tiempos, se hacía lo que dijeran los padres y no se podían rebatir las decisiones de los mayores.
Una vez en la calle, después de despedirse del novio, el silencio duró unos segundos.  Nadie osaba hablar –aunque ganas no les faltaba –.  Al fin, mi tía, cauta, comentó  
-¡Qué familia tan prudente! –a lo que su marido refutó
-¡Pero si están todos muertos, sin respirar, sentados en sus sillas! ¡Muertos están todos, ninguno respiraba!
Su hija –la novia –comentó categórica
-El que tenía las manos cruzadas sobre el pecho sí que respiraba, yo noté como las manos le subían y le bajaban.
La joven quiso evidenciar de alguna forma que, por lo menos, uno daba señales de vida.  Del resto, no debía estar segura.
Estas cosas fueron conocidas después de la celebración de la boda.  Hoy en día, las dos familias se aprecian mucho.  Los yernos de mi tía son unas excelentes personas, de hecho, desde que mi tía quedó viuda, viven con ella en su casa y reina el cariño y la armonía por parte de todos.  Son una familia muy unida.  Todos los fines de semana, se reúnen en la casa de mi tía en Caracas, todos sus nietos y sus esposas, sus bisnietos y demás familiares y amigos.



lunes, 15 de octubre de 2012

TAN VELOZ COMO EL OLVIDO de Carmen Margarita





Un día de campo de mucho viento, me refugié en un cobertizo y, de repente, me percaté de que alguien se acercaba.
-¡Qué tiempo tan infernal! –me dijo
-¡Sí! –contesté
Empecé a recoger mis cosas y me marché caminando, tan veloz como aquel camino agreste me permitió.  Al rato, me tropecé con mi amigo Manú.
-¿Dónde vas tan veloz como el viento? –me preguntó, extrañado.
-Donde mis pies y mis pensamientos abrumadores me permitan.  Necesito despejarme de estos tormentos de soledad que arrastro conmigo –le contesté en un solo aliento, tras lo cual, seguí tan veloz como el viento que seguía soplando…


ESPÍRITUS Y ÁNGELES de Edelmira Linares





Incluso antes de nacer, ya tenemos a alguien que vela por nosotros.  Llegamos a este mundo desnudos, desprotegidos y, casi desvalidos,  si no fuera por nuestros padres que están ahí para cuidarnos.
Cuando somos bebés, nos ponen resguardos, medallitas, manitas negras… y demás cosas para protegernos; todo es poco para preservar al ser que más quieres en este mundo.
Ya de niños, nos enseñan a rezarle a los angelitos para que nos cuiden, nos guarden y aprendes a saber que por muy solo que te sientas, ellos siempre estarán ahí y nunca nos fallarán.
Ahora, de mayor, sé que algo hay.  No sé cómo describirlo pero, nunca estoy sola.  Serán espíritus, serán ángeles guardianes o como queramos llamarlos, pero cuando los necesito en mis desesperanzas y ruegos, sé que alguien intercede por mí.
Quizá sea mi propia ignorancia o mis ganas de creer pero, sé que hay algo ahí afuera que nos cuida y nos protege.


TAN VELOZ COMO EL OLVIDO de Dolores Fernández Cano



Serena se encuentra sentada en el destartalado banco al mismo tiempo que apoya sus brazos en la mesa descolorida que sirve de pupitre en la escuela donde estudia.
-¡Qué bonitos son los lápices de colores! –exclama ella para sí misma.
-El verde es el color de la pradera que recorro todos los días para venir a clase, el amarillo luce ardiente igual que el sol de mi país…
Serena es una muchachita perteneciente al continente africano, más concretamente al país de Uganda.
Al acabar la contemplación de sus lápices, se dirige a su mentor, don Ezequiel
-Cuando acabe mis estudios, quiero ser emprendedora.  Lo que más me gusta es dibujar, trazar líneas en el papel para crear bonitos edificios, carreteras y fantásticos jardines.  Ansío proporcionar a mi pueblo todos los adelantos posibles.
Don Ezequiel es un hombre de cabellos blancos que contrarrestan con su piel negra.  Él escucha a Serena emocionado y, cuando termina, le responde y aconseja con vehemencia.
-No tengas tanta prisa, te queda mucho por estudiar.  No corras tanto, no seas tan veloz como el olvido pues puede traerte trágicas consecuencias.  Por el camino de la vida, se te puede romper el cántaro, ya sabes.
-Señor –contesta Serena –mi intención es luchar por mis derechos, poder exponer todas mis inquietudes.
-¡Ay, Serena, Serena! tendrás que esquivar muchas zancadillas.  Cuando seas mayor comprenderás que el mundo no es como lo imaginamos.
Serena no se conforma, no está en su ánimo parecerse a sus antepasados, aquellos que sufrieron en sus carnes las humillaciones de los poderosos.
Después de observar el cielo azul, a través de la ventana, comenta muy decidida
-Yo seré libre, demostraré que poseo tanta inteligencia como ellos.  A pesar de sus buenos consejos, lucharé para conseguir mis objetivos.  Es inútil, don Ezequiel, no me convencerá.  Superaré todos los inconvenientes; no cejaré en mi empeño.  Seguiré siendo tan veloz como el olvido.


LA CASA DE LOS ESPÍRITUS de Natividad Morín




Era un día como cualquier otro en el centro de mando de la policía, cuando recibieron una llamada anónima que indicaba que en una vivienda que parecía abandonada, se oían gritos y lamentos.  Se trataba de un edificio de dos plantas con muchas ventanas al lado de una antigua fábrica de maniquíes con tres torres altas y llamativas.  El dueño del edificio había muerto hace unos años sin dejar herederos y en cuanto a la fábrica, al cerrar su actividad, quedó abandonada a su suerte, igual que la casa.
Una patrulla de policía se dirigió al lugar de los hechos y, en cuanto llegaron, echaron un vistazo alrededor del edificio.
-¡Aquí no hay nadie! –dijo un poli.
Fue entonces cuando vieron destapada la tapa de una alcantarilla.  Fueron hacia ella y, ayudados con una linterna, miraron en su interior.  No vieron nada más que ratas que corrían como locas, deslumbradas por la luz.  El sobresalto de los policías fue enorme y taparon rápidamente la alcantarilla.  Dirigieron el foco hacia las ventanas del edificio y pronto se fijaron en una claraboya que estaba en el último piso.  Descubrieron el rostro de una joven pálida y asustada.  Los agentes corrieron hacia la puerta que estaba abierta y entraron con sigilo pues no sabían con qué iban a encontrarse, en medio de aquella oscuridad.
-¡Vamos a pedir refuerzos! –le dijo un policía a su compañero
-No hace falta, seguramente es alguna drogadicta que se metió en la casa y se quedó encerrada y ahora no puede salir.
Cuando subían las escaleras de madera, que crujían bajo sus pies, de pronto se cerró la puerta de entrada.  El susto de los policías fue enorme.
-¿Quién cerró la puerta?
-Seguramente fue el viento
Siguieron subiendo hasta llegar a la habitación de la claraboya.  Abrieron con recelo.  Todo estaba en tinieblas.  Dirigieron el foco de luz a la ventana y se quedaron clavados en el sitio.  Allí estaba el rostro que vieron desde la calle.  Toda la habitación estaba llena de ellos, unos en los sillones, otros en el suelo.  Salieron corriendo, tropezando con todo lo que encontraban a su paso.  No olvidarían jamás esa noche ni aquellas caras pálidas y tristes de los maniquíes.
Cuando llegaron al cuartel, sus compañeros los recibieron riendo
-¡Qué! ¿Cómo les fue en la casa de los espíritus?


UNA VIDA INESPERADA de Teresa D.





La historia de este personaje transcurre en un país diferente al de su nacimiento.  Es una joven que se trasladó desde su isla natal a otro país.  Ignoraba como sería su vida en un lugar tan diferente al suyo y, como era de esperar, en un año y medio su vida cambió completamente.  Para bien, porque resultó ser feliz y maravillosa aunque diferente e inesperada.  Los detalles de esta historia…  continuarán…


RETAZOS DE MIS PRIMERAS MEMORIAS de Amalia Jorge Frías




Observando la fotografía que me ha dado nuestra profesora Isabel: una niña rubia y delgada de unos nueve o diez años, me ha venido a la memoria recuerdos de cuando yo tenía esa edad.  Unos muy curiosos son los del día de mi primera comunión.  Mi madre me había hecho un vestido largo, bonito y al mismo tiempo, sencillo.  Tenía volantes en la falda y alrededor del cuello.  El velo de tul ilusión me lo había prestado una tía (creo que era con el que ella se había casado).  Como era muy grande, mi madre lo dobló en dos partes; una más pequeña que la otra.  Luego, lo sujetó con una diadema de flores, muy parecida a las que se usan actualmente, que también había confeccionado ella.  Con todo este atuendo, me dirigí al colegio, situado en la calle Robayna, desde donde todas las niñas que hacíamos la primera comunión, bajábamos en fila, de dos en dos , por la calle Castillo hasta llegar a la Iglesia de la Concepción.  Una vez allí, nos colocaron en los bancos que tenían reservados y, al sentarnos, –no sé de quién fue la feliz idea –colocaron mi velo sobre el reclinatorio del banco de atrás.  De ese modo ocurrió que, al ir a arrodillarme, me levanté al mismo tiempo que se arrodillaba la niña que estaba detrás.  El desastre ya estaba sentenciado:  al colocar ella sus brazos sobre mi velo, éste… ¡se partió en dos pedazos!.
Fui a comulgar sólo con la parte más pequeña del velo; la parte más grande se quedó sobre el banco.  Pese a todo, no recuerdo haberme puesto a llorar, aunque sí, encontrarme muy incómoda al salir de la Iglesia, con un velo en la cabeza y otro colgado del brazo.  De todas maneras, mi mayor preocupación era pensar en el disgusto que se iban a llevar mi madre y mi tía cuando se enteraran.
Verdaderamente, el día de mi Primera Comunión no tuvo nada que ver con el que yo, a mis nueve años, había imaginado.  ¡Qué pena que un suceso tan tonto me estropeara el que tenía que ser uno de los días más importantes de mi vida!


UNA VIDA INESPERADA de Elda Díaz



Mi amiga Ana era una joven muy guapa pero, se enamoró de un chico que era árabe. Él era una bella persona y la quería mucho pero no tenía cultura y profesaba la religión del Islam.  Nosotras le decíamos que ese chico no le convenía pues ser de una religión distinta podía convertirse en un problema.  Ella siempre nos respondía que no  nos preocupáramos, que ella lo haría a su mano.
Ana se casó y tuvieron, con el tiempo, dos niños preciosos y parecían muy felices.  Sin embargo, algo se estaba cociendo en el aire pues, de repente, un día su esposo recibió una carta de su familia.  Su madre estaba muy enferma y el esposo de Ana decidió marchar a su tierra con toda su familia.  Todo cambió al llegar a su país y estar en contacto directo con su cultura y con su religión y a Ana, no le quedó más remedio que aceptar lo que él le decía pues sus hijos eran lo primero.  Se hizo una más de la familia, se puso el velo que se ponían allí todas las mujeres y con él, la alegría de su cara desapareció.

TAN VELOZ COMO EL OLVIDO de Candelaria Díaz




Viendo la foto, recuerdo cómo eran aquellos años sesenta.  Las jóvenes siempre teníamos que llegar a casa no más allá de las nueve de la noche.  Ya fuera Navidad o Carnavales, era lo que se permitía. 
Por ese tiempo, mi novio se sacó el carnet de conducir y alquiló un coche para que viéramos lo bien que conducía.  El coche era un descapotable blanco en el que salimos de paseo pero… ¡con carabina!; mi futura suegra.  Como el coche no tenía capota, yo llevé la melena suelta y el viento hacía volar mi pelo de una forma increíble.  Íbamos por la carretera detrás de una guagua y mi novio, como novato que era, adelantó y al hacerlo se encontró con un coche de frente.  Yo cerré los ojos pero él, con su vena gomera, se coló entre los dos vehículos y se fue a la cuneta.  El susto fue tremendo aunque todos quedamos enteritos.  La aventura terminó con mi suegra y yo yendo a pie hasta La Laguna, para volver en guagua a Santa Cruz.  Mi novio, mientras tanto se fue a arreglar el coche y... ¡ gracias a Dios que pudimos contarlo!.