miércoles, 20 de mayo de 2015

DESOLACIÓN Elvira Martín

                                          


            Había preparado ese viaje con mucha ilusión, era la primera vez que iba a estar fuera de mi casa tanto tiempo.
            Esperaba encontrar cosas y costumbres nuevas, grandes edificios y calles muy largas. Al llegar, fue todo impresionante. Me hallé  una ciudad variopinta, con muchísima gente en las calles y parques,  todos vestían a su manera puesto que es una ciudad visitada por muchas culturas y cada una tiene su propio estilo. Pero la impresión más fuerte estaba por llegar.
            Al cruzar una gran vía, me encontré con una niña como de doce años, que deambulaba por la calle, desorientada gritando por su madre. Yo intenté calmarla como pude, pero no me escuchaba. La arropé entre mis brazos para llevarla a un puesto de socorro, pero al mirar hacia atrás sentí como una multitud de gente nos empujaba; todos corrían despavoridos sin saber dónde ir.  Ensordecida por el ruido de las ambulancias y cogiendo a la niña por un brazo, corrí  hasta llegar al sótano de un edificio.
            Allí estuvimos hasta que todo empezó a calmarse. Al salir, me encontré con un policía que nos acompañó al hospital.
            Hoy, en la tranquilidad de mi casa, recuerdo a aquella niña que no sólo  había perdido a su madre, sino también la audición de uno de sus oídos.
            Aquella carita  de horror y desolación no se me olvidará jamás, entre otras cosas porque seguimos en contacto y aunque haya pasado trece años y en septiembre cumpla los veinticinco, recordaremos aquella inútil e innecesaria masacre.



2 comentarios:

  1. Buen trabajo. Sin nombrarlo, como se te pedía, contaste lo ocurrido el 11 de Septiembre 2001 en Nueva York, desde el punto de vista de una de sus víctimas.


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  2. El 11 de septiembre mejor contado y más bonito es el tuyo. Muy tierno. !Bravo!. MªDolores.

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