martes, 25 de febrero de 2014

RECOLECCIÓN De Candelaria Díaz



Por fin llegaba el tiempo de la vendimia; el trabajo era duro, pero al menos ganaríamos algo.
Era de amanecida y, en los altos de la isla, el frío cortaba. Madre nos calentaba  vino y luego la escudilla de leche de cabra y gofio, con un poco  de queso, y listo, a empezar la faena.  Éramos jóvenes y cuando el sol calentaba, nos daba por cantar:
¡Ay que trabajo nos manda el Señor!
 Levantarse y volverse a agachar
 todo el día a los campos y al Sol

 Y así hasta el ocaso, con salud y juventud, divinos dones, y pidiendo que Dios nos diera vida para seguir teniendo el mejor vino de la comarca, el del Mencey de Güimar.



SOLO De Dolores Fernández Cano



El joven puente del pequeño pueblo contempla con agrado el refrescante río que corre bajo él. Se siente nostálgico; percibe que el verano agoniza,  ya  en los últimos días del calendario.
Con sus grandes ojos, observa las bellas flores que esparcen su perfume en el aire. Es un placer intenso para su vanidad, ver las parejitas de los jóvenes, agarrados de sus manos, paseando sus amores, pisando al unísono el pavimento bien delineado, animando con sus pícaros besos las tardes calurosas.
Los niños no volverán a jugar, pues han regresado a la escuela, tras acabarse el período vacacional.
Sor Ángela apura los últimos días que le han concedido en el convento, para poder visitar a su anciano padre. Esta monja benedictina camina piadosamente las mañanitas por este espléndido puente, de arriba abajo, y de abajo arriba, canturreando, al mismo tiempo, alegres canciones.
¡Riguroso verano!, te alejas dejando en la más completa soledad al pobrecito puente. Solo y triste queda, esperando con ansiedad al próximo estío, para que alegre, con la vuelta de los veraneantes, su monótona vida.




EL TESTIGO De Mary Rancel.



Al ver, hoy, el cuadro del bodegón colgado en la misma pared, con el recuerdo de lo que para mí fue en el pasado, diría que no se trata de la misma pintura. En otro tiempo solía contemplarlo con embeleso; me quedaba embobada durante muchos minutos, tal vez horas, observando los frutos y objetos de que está compuesto, admirando cada una de sus pinceladas y sus colores tan reales. Cada día lo miraba y me parecía más bonito, más auténtico.
El bodegón presidiendo la pared principal del salón-comedor de nuestro hogar, fue el mudo testigo de todos los acontecimientos ocurridos en nuestra familia, lo más felices y los menos agradables.
Cierto día, sin poder concretar cual, llegó la desgana, la apatía, el desinterés por verlo y la indiferencia al pasar a su lado. La rutina rompió el encanto que por él tuve durante tantos años. ¿Qué ocurrió para que de pronto comenzara a ignorarlo? Me gustaría saber los motivos pero, no he conseguido descubrirlos. ¿O quizás no he querido?
Cuando me casé y cambié de vivienda -hace más de veinte años- sentí como una liberación al no tener que ver cada día aquel cuadro.
Hoy he vuelto al que fue mi antiguo domicilio para hacerme cargo del bodegón, al distinguirlo en el lugar de siempre, he sentido un repelús misterioso. Lo miro y sigue sin decirme nada, sólo veo naturalezas muertas.
Después de mucho cavilar, he decidido renunciar a la herencia. No quiero ver más ese cuadro. Durante muchos años fue el testigo silencioso de mi vida. No me gustaría que el bodegón despertara de su letargo para evocarme historias pasadas; las tengo profundamente soterradas sin el menor deseo de sacarlas a la luz.





EL TESTIGO De Elvira Martín Reyes





Mirna entró en aquella habitación vacía y un extraño escalofrío recorrió su delgado pero esbelto cuerpo;  todos sus recuerdos se  agolparon a la vez.  Sobre todo, el intenso amor que había vivido entre aquellas paredes, hoy desnudas y estropeadas por el paso del tiempo.
El de ella fue un gran amor. Con dieciocho años, conoció a Alberto. Él, mayor y más experimentado que ella, la supo llevar a su terreno con zalamerías y engaños, ganando su  corazón y, poco a poco, la fue envolviendo en un mundo de fantasías y mentiras, donde ella se sentía la protagonista y él su maravilloso galán. Todavía recuerda lo deprisa que cruzaban el viejo puente para ver sus imágenes reflejadas en el pequeño lago y, a continuación, entregarse a vivir su primer amor.
Así fue, hasta que un día, tocaron en la puerta y aparecieron tres niños preguntando por su padre junto a una desaliñada mujer que la contemplaba; Mirna ¡no daba crédito a lo que veía!.  Así terminó su encantamiento.

Mirna salió de la vieja casa echando un vistazo al mugriento bodegón que pendía de la pared, único testigo de su gran historia de amor y, cerrando la puerta, desapareció bajo la espesa niebla.



OTROS TIEMPOS De Edelmira Linares


¿Ignorancia o adelanto? O si les gusta más,  ¿tranquilidad o estrés?.
Vivimos en un mundo agitado, acelerado,  en el que el tiempo cuesta dinero.
Nos levantamos ya estresados, para no llegar tarde, en el coche apurados, corriendo de aquí para allá,  para que nos dé tiempo de todo, comemos corriendo para poder ver la novela y cuando la estamos viendo, no nos centramos, pensando en todo lo que nos queda por hacer...y no da el tiempo; no alcanza.
¿Qué ha sido de esos días eternos, donde parecía que el tiempo se había detenido y en donde las horas no pasaban; de esos cocidos hechos  fuego lento, para que sepan mejor, de esas siestas tranquilas, en donde las preocupaciones no te quitaban el sueño?

Parece que fue ayer, pero ha pasado mucho, y las cosas han cambiado demasiado; al fin y al  cabo aquellos eran…¡otros tiempos!.



lunes, 24 de febrero de 2014

¡QUÉ VICIO! De Natividad Morín




Tenemos que estar orgullosos del cuerpo de la guardia civil, gracias a ellos se logra requisar miles de kilos de drogas.  En los aeropuertos identifican a los que llevan la droga encima.  La falta de medios hace que esa gente se arriesgue a que lo detengan o, lo que es peor, a morir por pasar la droga dentro de su cuerpo y, por culpa de los que han caído en ese vicio, los que trafican se hacen más ricos.
No es la única cosa con la que la gente se engancha, no sé si tan peligrosas, como son el tabaco, el alcohol, el café, los juegos de azar…, y desde hace unos años, tenemos que añadir a esta lista, los móviles que, hoy en día, tanto jóvenes como mayores llevamos uno.

Estamos rodeados de vicios y ¡qué vicios!.  Vemos a todo el mundo con el suyo, por la calle, en el coche, guaguas, todos sonriendo o pasando el dedo por la pantalla, tanto y tan seguido que a veces pienso si se podría borrar la huella dactilar de tanto deslizar la yema del dedo. ¡Así son los vicios!


domingo, 23 de febrero de 2014

EL REY de Luisa Delgado Bello








Dicen que el sol estimula la formación de las hormonas de la felicidad y ayuda a asimilar la vitamina D.  Debe ser por eso que, cuando nos dejamos acariciar por él, nos sentimos más vitales y equilibrados, de mejor humor…Sobre todo si ese encuentro ocurre después de varios meses sin su contacto.
Se sabe que la vida actual, nos obliga a menudo a permanecer encerrados durante horas, bajo la luz artificial y los cortos días de invierno hacen que salgamos de casa de noche y que volvamos a ella cuando el sol ya se ha puesto.

Por todas esas razones, cuando todas las mañanas, el da el sol en el patio de mi casa, me pongo allí con los brazos abiertos, como si volara de cara a él, el astro rey.



VOLAR ENTRE LAS FLORES de Mary Rancel





Siempre he tenido la seguridad de poder imitar a Campanilla, el hada prodigiosa del cuento de Peter Pan.  Volar es mi ilusión; volar surcando los cielos, cruzando los mares, atravesando montañas, venciendo huracanados vientos…, y desde las impresionantes alturas, echar un vistazo y contemplar la pequeñez de los seres que invaden la tierra. ¡Sería extraordinario efectuar este sueño!.
Como ave mensajera de hermosa y romántica primavera, percibí que iba a emprender el vuelo entre las flores.  Flores de primorosos tonos y matices, de formas diversas, de aromas suaves o intensos; todos mágicos, envolventes, acariciadores…
Desde mi desbordante fantasía, me imagino provista de cristalinas alas, que ayudadas por el viento, con delicadeza, emprenden el vuelo entre las flores que, ligeras, se elevan hasta ponerse a mi lado.  Me veo planeando entre ellas y, con suavidad y firmeza, llego a las nubes de delicado algodón y allí me quedo dormida, al rumor del canto de los querubines.
Confió plenamente en que esta hipotética quimera se haga realidad para ver, entonces, cumplido mi sueño de volar entre las flores.




EL PUENTE SOÑADO de Carmen Margarita



En la vida ocurren cosas que no se pueden explicar.  Yo, desde que era pequeña, siempre había tenido un sueño que me hacía feliz, aunque me despertara desasosegada.
Así ocurría con cierta asiduidad hasta que, un caluroso verano de hace dieciocho años, decidimos ir a pasar una semana a Andorra.  Cuando entramos a la ciudad, me pareció que estaba en un cuento y mis sentimientos se empezaron a revolucionar.  Yo pensaba que estar en medio de aquel maravilloso paisaje, donde un río partía la ciudad, y el ruido del  agua al pasar, era como un canto celestial; todo eso unido, era cercano a lo irreal, hacía que me sintiera en la gloria, casi como si…estuviera soñando.
Aquella noche fue maravillosa; paseamos a la luz de la luna en medio de aquel cuento de hadas con sus castillos de torres puntiagudas, las casas con geranios en las ventanas y las cortinas a cuadros con bolillos y tantos jardines encerrados entre dos montañas…, ¡una maravilla!...
A la mañana siguiente, me levanté temprano y salí a caminar a la orilla del río, sola.  De pronto, me encontré con un puente de piedra y me senté a contemplarlo, sentada en un banco hecho de aquella misma roca gris en el que se veían unas preciosas hiedras entrelazadas entre sí.  Me sentí como en un jardín cuajado de flores de todos los colores y disfruté con la contemplación de aquel portento de la naturaleza.  Cuando levanté la mirada, de pronto, me vi en el sueño que solía tener.  El entorno era el mismo y sólo al ver bajar por el paseo la figura de aquel hombre protagonista de mis sueños, caí en cuenta.  Nunca le había puesto rostro, pero allí estaba, ahora ya sabía quién era.  El corazón se me salía por la boca, ¡Dios mío!.  El mismo paisaje, el mismo ambiente; sólo faltaba que el viejo puente hubiera estado solo para que la realidad fuera exacta al sueño que, a propósito, a partir de entonces, no se volvió a repetir jamás. 


Ahora me gustaría volver a tenerlo porque en él, vería el rostro de aquel hombre; Manolo, mi amado esposo…pero entonces, pienso que tuve suerte de que mis sueños se hicieran realidad y ahora, su recuerdo me hace seguir serpenteando el camino de la vida con ilusión y alegría.



SON OTROS TIEMPOS de Mary Rancel





-He aquí a nuestros actuales Romeo y Julieta, unidos por el amor y por sus nombres –presenta el entrevistador de TV, muy jovial y, dirigiéndose a los jóvenes, les inquiere.
-¿A qué se debe este insólito caso?
-Al destino –contesta Romeo con humor-. Los ciclos se repiten y, ha sucedido con nosotros.  Nos hemos casado en Verona, en la casa de la famosa pareja que murió por amor en el Medievo.
-Lo que jamás haríamos nosotros- aclara tajante Julieta.  Estamos tan alejados de la ficción, que tenemos los pies bien atados a la tierra.

-Además…, son otros tiempos…-añade con un guiño de complicidad.