lunes, 18 de febrero de 2013

CARNAVAL de Lucía Hernández




Marta siempre pensó que aquello era fácil, hasta esa tarde.  Recuerdo que invité a mi amiga a pasar los carnavales en mi casa, aprovechando que venía con unas amigas comunes.
Fueron a dar un paseo por ahí, como es habitual entre la juventud, formaron su pandilla y ¡a volar!... Pero Martha ignoraba el ambiente que iba a encontrar y entonces descubrió que no era tan fácil.  Nada más llegar, se encontraron que la pandilla bebía y bebía, mientras bailaban dando gritos: ¡qué desilusión!.  Intentaron desaparecer, pero los chicos las seguían, así que finalmente… ellas terminaron haciendo igual.
Ese fue el principio de los problemas en su matrimonio. Claro, he olvidado decir que Marta era casada y tenía tres hijos.  En medio de la crisis matrimonial y en un momento de arrebato contra su marido, ella cogió la maleta y se fue de casa.  Su marido la buscó sin descanso hasta que la halló.  Con mucho cariño la convenció de volver a casa recordándole que aquel era el sitio donde tenía que estar; con su familia.  Él, con su paciencia, le dio una buena  lección y ella, aunque ya tenía una relación con otro, regresó junto a él y no volvió a hacer más disparates.  Hoy, pese aquella noche loca de carnaval donde empezó todo, viven en gracia de Dios.



2 comentarios:

  1. Don Carnal haciendo de las suyas! Con el sentido común disfrazado, para algunos debe ser fácil olvidarse de lo que importa.

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  2. Cosas y casos del carnaval. Tu relato muy interesante.

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