lunes, 9 de diciembre de 2013

PUNTO DÉBIL. De Antidia Iraida Fernández





Él se había cansado de decir que él no tenía ninguno.
-Como su mismo nombre indica, eso es cosa de débiles –repetía Patricio cuando Carmen, en infinitas ocasiones, quería que le confesara la verdad, esa verdad que día a día era latente, para ella.
Por nada del mundo él quería exteriorizar sus sentimientos; los ocultaba como si fuera un pecado, pero hasta los pecados se terminan confesando, mucho más una debilidad que, más temprano que tarde, termina saliendo al exterior; nada puede permanecer oculto eternamente, por más que se revistiera todos los días con su traje y su máscara dura.

Un día, Carmen descubrió que, a solas, él daba rienda suelta a todo lo que llevaba dentro. Ese día cayó el telón de su vida y así dio rienda suelta a todas sus emociones. A partir de entonces, ya no hubo más mentiras, ni más marea negra de fondo, esa marea que consumía sus vidas y creaba un muro entre ellos, difícil de franquear.


3 comentarios:

  1. Los hombres sí lloran, afortunadamente. Y hacerlo no es tener un punto débil; tal vez lo sea no poder o no querer hacerlo. De eso, me habla tu relato.

    ResponderEliminar
  2. Tanto hombres como mujeres tenemos un punto dedil que no nos gusta revelar pero, algún día termina saliendo a flote, como le pasó al protagonista de tu historia.

    ResponderEliminar
  3. Si hay corazan hay alma. Sentimiento.....

    ResponderEliminar