martes, 11 de marzo de 2014

EL SILENCIO De Dolores Fernández Cano.






Con una amarga sonrisa, comienzo este relato para reconocer que en el mundo en que vivimos no se respeta al silencio.
Hace falta silencio para atender la opinión de los demás. Silencio, para deleitarnos con una buena partitura musical. Silencio, para admirar una obra de arte. Con un prudente silencio, se oye el rugir de las olas del mar, cuando rompen en la orilla. Silencio, para escuchar el sonido de los aviones, cruzando el cielo de las ciudades. Silencio, para que en nuestros oídos se introduzca la majestuosidad de la señora tormenta. También es una delicia el silencio de las madrugadas, invitando al descanso.

El silencio es todo un caballero. Apoyada en él, me retiro silenciosamente, no sin antes suplicar, ¡silencio, por favor!.



2 comentarios:

  1. Bonito escrito, Dolores. Solo decirte que he disfrutado de este silencio tuyo, cuya visita mi propio silencio ha agradecido.

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  2. Eres tan estupenda que nada se te resiste; ni el silencio puede contigo. ¿bravo compañera!

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