miércoles, 28 de mayo de 2014

PROHIBIDO PROHIBIR De Mary Rancel




Desde aquel momento, quedó prohibido para siempre.  Claro que aquella prohibición había empezado a fraguarse mucho antes, cuando la bisabuela aún lo tenía en su casa, encerrado dentro de una hornacina con una puerta de cristal, siempre trancado con llave.
La hornacina se abría exclusivamente para limpiar, con mimo, el jarrón chino de la dinastía Ming. Ese jarrón que un pariente muy lejano había traído desde la lejana China y, que pasaba de generación en generación, con la prohibición de ser vendido, sólo admirado.
La bisabuela viuda y octogenaria, decidió que la joya de la casa –el jarrón chino- debía estar en poder de su única bisnieta. Ella misma lo llevó al domicilio de su heredera, envuelto en toallas, dentro de un gran bolso.
Al llegar, lo sacó con una lentitud desesperante, quitando cada una de las toallas afinadamente, al final salió a la luz el jarrón prohibido. La sucesora no se lo esperaba; al verlo, no salía de su asombro.
-¡Pero abuela…! ¿Qué estás haciendo?, ¿Cómo has podido tener el valor de sacar el jarrón de su vitrina?; ¡no me lo puedo creer! ¿te pasa algo...?
-¿Qué me va a pasar, cariño?, pues nada, deseo que lo tengas en tu poder, y lo disfrutes como lo he hecho yo y todos mis antecesores... El día de mañana debes traspasarlo a tus descendientes.
La bisnieta -aún sorprendida- lo cogió con tanta delicadeza en sus manos que el jarrón cayó al suelo haciéndose añicos. La bisabuela quedó petrificada, luego, reaccionó y, con risa nerviosa, exclamó:
-¡Se acabaron las prohibiciones!, ¡este dichoso jarrón nadie lo ha disfrutado! Sólo mirado a través de un cristal, ¡menuda herencia te iba a dejar!, además..., con el estigma de la prohibición. A partir de ahora, ¡¡¡¡Prohibido prohibir!!!!.
La bisnieta recogió los cascotes y los tiró a la basura, sin nostalgia alguna por la pérdida de la joya de la familia.




2 comentarios:

  1. Buen microrrelato. Me gusta como lo has llevado y la doble lectura que percibo en él; la ventura de deshacerse de un lastre, lo absurdo de algunas prohibiciones.

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  2. Todo se debe disfrutar en su justa medida. La vida es bella , hay que vivir dentro de unas limitaciones que no resulten represivas

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