domingo, 1 de marzo de 2015

UN DÍA EN APUROS Lucía Hernández




            Cierto día, un joven me llamó por teléfono, me saludó y me dijo que me conocía, que había estado varias veces en mi casa y que le gustaría pasar a saludarme. Si no le importa yo subo, estoy aquí debajo de su casa, me dijo; yo con cara de tonta acepté.
            Llegó y me saludó. Yo jamás en mi vida lo había visto. Doy gracias a Dios que las puertas de mis dos vecinas estaban abiertas en frente a la mía que también dejé de par en par.
             Empezó con un rollo de mentiras. Yo, atenta, escuchaba.  Me decía que era muy amigo de mi hijo, que se escribían con mucha frecuencia y se contaban sus cosas, que sabía que somos de La Palma, que mi marido era funcionario de El Cabildo, que hacía varios años que vivimos aquí, en fin, sabía mi vida mejor que yo. Con mucho silencio, yo lo miraba y lo miraba y pensaba ¿Qué será lo que quiere éste? Siguió su rollo y me dijo que él tenía unas cartas de mi hijo y que un día la chica que vivía con él le ofreció 3.000 euros si le daba las cartas, pero que le dijo que no tenía falta de dinero, que su padre se sacó la lotería, que compraron una finca y mil mentiras más. Dijo, yo esas cartas a quien se las daría es a su madre. Mi única palabra fue: ¿Y porque no me las trajo? A lo que contesto, bueno como su hija sabe conducir, que vaya un día a mi casa y se las entrego,  con eso conocen a mi familia (siguieron las mentiras pues ya me había dicho que no tenía familia, que sus padres murieron)
            Me pidió que lo dejara ir al baño, si le daba un vaso de agua, pero no sacaba los ojos de las puertas de mis vecinos.
            Mi sufrimiento era grande pensando ¿Qué me hará este tipo? Y por donde se enteró de mi vida. Dios me perdone si me equivoco pero la chica fue quien le informó y le dio mi teléfono, por todo esto pienso que ella es peor que él, porque tenían amistad.
            Como vio que pasaba el tiempo y se veía sin provecho no tuvo más solución que despedirse de mí y entonces se marchó.




3 comentarios:

  1. Extraña experiencia, llena de misterios y de preguntas sin respuestas. ¿A qué habrá ido de visita exactamente ese individuo, qué motivos lo movieron? Nos encantaría saberlo.

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  2. Los embusten suelen salir a la luz como ha pasado contigo.Muy bien contado el relato,Me ha pare3cido interesante.

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  3. Lucía tu has vivido cada historia. Me admira tu memoria. !Bravo Lucía!. No te rindas nunca. Un abrazo. Mª Dolores.

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