La tarde es tórrida, con carácter sagrado la fiesta taurina
comienza. Sale al ruedo el rey de la plaza. Elegante, discreto, confiado,
incitador y astuto. La mandíbula contraída, cabeza desafiante, párpados caídos.
Con valentía, se dispone a enfrentarse a la faena. Tras un pase de pecho, busca
la postura adecuada, escuchando seguidamente, la ovación de los aficionados.
Con fuerza contenida, aferra los pies en la arena, al mismo tiempo, que vibra
su cuerpo esbelto. De pronto, nota correr sangre por su piel áspera.
Después de varias verónicas, siente como una garra en el
cogote, ¡la herida es mortal!.
Sin remedio, procede a exhalar su último suspiro.
Los mozos, arrastran el cuerpo maltrecho del potente toro, al
picadero.
Estupendo microrrelato el de esta semana. He disfrutado mucho con su lectura. Magnífico. Ni un pero.
ResponderEliminarMuy bueno tu relato Dolores, siempre tan conciso, pero que dice todo lo que quieres expresar, te felicito. Un abrazo
ResponderEliminarPoco tengo que añadir a tu bonita historia, ya lo han comentado las compañeras; a mí me ha encantado. Felicidades una y otra vez
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