Mi padre
heredó de mis abuelos una casa antigua situada en Las Toscas. Esta casa tiene en la pared de algunas
habitaciones, una especie de hornacinas con muchos estantes llenos de libros. Mi padre, que era un lector empedernido, casi
siempre tenía un libro en sus manos pero, de los muchos que guardaba con esmero
en aquellas alacenas, había uno que siempre colocaba en la última repisa, la
más alta, advirtiéndonos que no lo tocásemos.
Un día,
aprovechando que él no estaba en la casa, me subí a una silla a escondidas,
cogí el fruto prohibido y salí corriendo con él en la mano para leerlo en la
azotea. Yo tendría entonces unos quince
años o tal vez algo menos. Cuando empecé
a leer me di cuenta de qué se trataba: el secreto de los Papas en el
Vaticano. Por alguna razón mi padre
consideraba que aquel era un tema delicado del que las niñas, como yo, no
debíamos saber nada. Yo lo leí con
avidez y dos de los casos que me causaron más impresión fue el de un Papa muy
misterioso llamado el Papa Luna y el de una mujer que, disfrazada de hombre,
llegó a ser Papa; esa mujer fue la Papisa Juana que tuvo un hijo con un
cardenal de la curia romana.
El recuerdo
de ese libro llegó a mí hace unos dos años, mientras leía el Código da Vinci
pues en él conseguí muchos párrafos similares a los que alguna vez había leído
en el libro de mi padre: las explicaciones de los cuadros de la Mona Lisa o La
Virgen de la Peña y los secretos que guardaban estas pinturas; también el significado
escondido en las gárgolas de los tejados de muchas casas antiguas, a través de
las cuales pasa el agua que cae a los patios.
Cada una de estas lecturas me hizo recordar aquel libro guardado en la
repisa más alta de la alacena de mi infancia.
Mi padre
nunca supo que yo había leído su libro especial; el libro prohibido.
Muy bonito y entrañable tu relato,como todos los tuyos; ya nos tienes acostumbradas a tus bonitas historias y, cada miércoles estamos deseando escucharlas. Un bezaso
ResponderEliminarEncantadora historia atada a los recuerdos de la infancia, de esas vivencias que se quedan adheridas a nuestra memoria para siempre
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