Nada más verla,
Mary creyó que no podría subirla. No se equivocaba; la empinada cuesta provista
de escalones –más de doscientos cincuenta- hasta alcanzar la cima de la montaña
donde se ubica la casa rural, era imposible que ella consiguiera subirlos. No
fue consciente de que ya no es la joven de piernas ágiles y fuertes de antaño;
que con el tiempo ha ido perdiendo energías, ligereza, ánimo….. y ha almacenado
una importante artrosis, una gran dosis de artritis y otras cosillas que trata
de ignorar, pero que, con cierta frecuencia se hacen notar y le producen
molestias.
Esos “leves”
inconvenientes, debía haberlos tenido en cuenta antes de reservar la plaza en
el hotelito rural. El que es novedad ahora por sus confortables instalaciones y
sobre todo, por las impresionantes vistas que desde su elevación se pueden
contemplar.
Pese a todo,
intentó subir la cuesta; para colmo con su bolso a cuestas, en el que
transportaba lo imprescindible para cambiarse esa noche y celebrar el fin de
año y recibir al nuevo arreglada para la ocasión.
Unos cincuenta
escalones había subido, cuando se percató de su error; no podía más, se sentó
en el borde de la escalera para tomar aire y dar masaje a sus pies que ya no le
respondían. Cuando hubo descansado lo suficiente optó por desandar el camino
realizado y bajar los peldaños con cierta agilidad. ¡Cuesta abajo no es lo
mismo que cuesta arriba!
Una vez en la
falda de la montaña esperó a la guagua en la parada, cuando llegó se subió a
ella y regresó a su casa. Pasó la noche de fin de año y acogió al año nuevo
junto a sus familiares y amigos, todos felices y contentos; además ella, con
una nueva lección aprendida. Antes de
meterse en galimatías desconocidas, se deben analizar las limitaciones que
imponen los años, es una forma de evitar sorpresas poco gratas.
A veces uno tiene que ver al enemigo de cara para percatarse de que existe, después de lo cual uno tiene dos opciones: hacerle frente o bajar a tiempo como la Mary de tu relato. Ambas son igual de válidas, me parece a mí. Muy bien contado.
ResponderEliminarLa ignorancia nos acecha tras la puerta y termina haciendo que intentemos realizar cosas casi imposibles, que jamás llegan a la meta deseada, eso le paso a la Mary del cuento.
ResponderEliminarMary, nunca pierdas tu ilusión por la escritura, porque cada vez lo haces mejor.Un abrazo muy fuerte.
ResponderEliminar